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Refugio para mujeres Bat Melech



Para las mujeres que sufren abuso en sus matrimonios, tanto físico como mental, pedir ayuda requiere de valor. Tan sólo admitir que existe un problema puede ser difícil y doloroso, especialmente para las judías ortodoxas que quieren honrar a sus maridos y familias. A ellas les preocupa que al pedir ayuda, otros miembros de su comunidad religiosa piensen mal de sus familias.

Bat Melech, un refugio para mujeres y niños maltratados apoyado por La Fraternidad, es el único refugio en Israel orientado específicamente a mujeres judías ortodoxas, brindándoles así un lugar seguro en el que se respetan sus valores religiosos. Estas mujeres podrían ingresar a un refugio secular, pero entonces se verían obligadas a vivir sin practicar su fe, algo que a ellas les trae consuelo.

El refugio abrió en 1995 y ha apoyado a casi 1,000 mujeres y 4,500 niños desde su comienzo. Tiene dos sedes en Israel – en Jerusalén y en el centro de Israel – en donde a las mujeres ortodoxas y a sus hijos, se les ofrece comidas kosher, capacitación laboral o ayuda con los deberes escolares, asesoramiento jurídico y apoyo emocional.

Las mujeres y los niños que han vivido en situaciones de abuso y violencia, llegan a Bat Melech sintiéndose destrozados y carentes de confianza en sí mismos. A través del apoyo psicológico y de una comunidad acogedora, las mujeres comienzan a sanar. Muchas buscan la independencia y están bien preparadas para incorporarse a la fuerza laboral, luego de haber cursado clases de capacitación laboral provistas por el refugio.

Libertad del miedo y del abuso

Aunque Yaffit había pasado 22 años en un matrimonio abusivo, aún estaba indecisa de entrar a Bat Melech. A menudo ingresar a un refugio conlleva un estigma, y Yaffit temía que criticaran a su familia.

Sin embargo, pronto ella y sus hijos se dieron cuenta de que realmente era un lugar seguro de sanación. Después de reunirse con el atento personal, entendió que ellos le brindarían “la fuerza y energía para hacerle frente a lo que otros nos habían causado”.

Hoy, Yaffit está divorciada y estudiando para ser secretaria médica. Ella espera algún día volverse independiente y proporcionarles a sus hijos un futuro esperanzador, sin miedo ni abuso.

Ella le atribuye la felicidad que recién ha encontrado y la estabilidad en la vida de su familia, a este refugio apoyado por La Fraternidad.

“Sólo en un lugar con tanto amor, una puede sanarse y volver a ser una misma”, ella dice. “Siento que me han dado la oportunidad de comenzar de nuevo”.

Yaffit se siente bendecida de pertenecer a una comunidad de personas que realmente quieren verla tener éxito.

 

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