Una familia encuentra esperanza

Anastasia, de 19 años de edad, y Anna de 20, recientemente obtuvieron becas para estudiar en un programa judío en Austria. Esta es una gran bendición para su numerosa familia de cinco niñas, que viven en Zhitomir, Ucrania. Si no hubiese sucedido, las cinco hermanas continuarían durmiendo juntas en la única cama de su hacinado apartamento. Ahora sólo tres de las hermanas – Elizabeth de 8 años de edad, Sofía de 11 y Alexandra de 15 – comparten la cama, en lugar de cinco.

A pesar de las condiciones apretadas, las muchachas se hablan entre sí con dulzura y todos en la familia disfrutan la compañía mutua. Si alguien se encontrara con una de las hermanas en la calle, nunca pensaría que pasa penurias.

“Me gusta ayudar a la gente”, dice Sofía. “Me gustan los números y me gusta curar, así que quiero ser abogada, matemática o doctora cuando sea grande”.

El padre de las niñas tiene una hernia de disco severa, por lo que a menudo tiene que ser hospitalizado y le es imposible trabajar. Los pocos beneficios estatales que recibe la familia no son suficientes para vivir, así que La Fraternidad es una parte importante de sus vidas.

La relación de la familia con Hesed, organización apoyada por La Fraternidad y que ayuda a la comunidad judía, comenzó cuando las hijas mayores se interesaron por su herencia judía. Las hermanas más jóvenes valoran todos los eventos de la comunidad judía que se llevan a cabo en Hesed y se sienten conectadas con su fe.

Ahora, las chicas tratan a la encargada de su caso en Hesed como a una tía querida; cada vez que ella las visita, se apresuran para abrazarla y contarle sobre su día.

Además, La Fraternidad les compró ropa de invierno y una lavadora para la familia el año pasado. Ahora que su madre ya no tiene que lavar toda la ropa a mano, tiene más tiempo para pasar con sus hijas. Disfrutan hacer artesanías juntas, y los proyectos que realizan las muchachas decoran las paredes de su apartamento.

La Fraternidad también le da a la familia una tarjeta bancaria mensual para comprar alimentos y medicinas. La Fraternidad había comprado un sofá y una litera para que las chicas mayores durmieran, y a pesar de que Anna y Anastasia se han mudado, la litera les proporciona a las otras niñas una buena noche de descanso.

“Estoy agradecida con La Fraternidad por toda su ayuda. Su participación en nuestras vidas ayuda a que mis hijas se sientan cómodas”, expresa la madre de las niñas.

 

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