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Lo que hacen los israelíes por amor al país

Cuando era pequeña, hablaba constantemente de lo que quería ser cuando creciera. Un día me imaginaba como maestra de ballet; al día siguiente, como abogada. Sin embargo, a pesar de mi profundo amor por mi país, ni una sola vez dije que quería unirme al ejército. Tal vez se deba a mi resistencia natural a la autoridad, o a que toda la vida he odiado despertarme temprano. Quizás por eso, tengo un tremendo respeto por los jóvenes israelíes que entran al servicio militar a los 18 años, en lugar de ir a la universidad como el estudiante promedio que acaba de salir de la escuela secundaria.

Ciertamente, hay muchos jóvenes que sirven desinteresadamente y con valentía en las fuerzas armadas de su país. Estas personas merecen nuestro respeto y admiración. Sin embargo, para muchos de nosotros, es difícil entender cómo es reclutar personas para las fuerzas armadas ante una amenaza constante a la nación, una amenaza que los israelíes enfrentan cada día.

Es increíble cómo la nación de Israel apoya a los jóvenes que sirven. Cuando llegué por primera vez a Israel y fui de gira con Keren, uno de los miembros del personal de La Fraternidad, pasamos soldados que llevaban todo el equipo militar. Keren me explicó que a veces la gente les ofrece alimentos y bebidas a los soldados desde sus autos mientras conducen, para que ellos no tengan que preocuparse de comprar comida. Abe, otro miembro de La Fraternidad, me dijo que cuando él estuvo en las FDI, todo lo que los soldados de su base tenían que hacer era pararse fuera de la base, y alguna familia llegaba a recogerlos, los llevaban a su casa y los alimentaban. Puede que esto no sea usual para todos los soldados, pero muestra cuánto los israelíes cuidan de sus hombres y mujeres en uniforme.

Todo esto pasaba por mi mente cuando, a principios de esta semana, estaba en el Aeropuerto Ben Gurión en Tel Aviv con el personal de La Fraternidad, para darles la bienvenida a los nuevos inmigrantes de Ucrania que estaban haciendo aliyá (inmigrando a Israel). Allí conocí a Gabe, un joven judío de Nueva Jersey. Se destacaba de la multitud con su uniforme de las FDI, y observaba ansiosamente la puerta, esperando otro vuelo, mientras los recién llegados pasaban por ella. Le pregunté que a quién estaba esperando, y me explicó, con los ojos fijos en la puerta, que estaba esperando a su padre con la idea de sorprenderlo, ya que estaba por llegar de los Estados Unidos. Gabe no lo había visto en más de un año.

Gabe me dijo que después de graduarse de la universidad en los Estados Unidos, decidió que, en lugar de unirse a muchos de sus amigos para seguir una carrera, iría a Israel solo y se uniría a las FDI. Era judío, amaba al Estado judío y quería servirle. Gabe dijo que no había sido fácil, ya que no hablaba ni una palabra de hebreo cuando llegó. Pero ahora, un año más tarde, con orgullo presta servicio en tanques y parece que le encanta.

Tuve que irme antes de que Gabe se encontrara con su padre. Pero puedo imaginar la alegría y las lágrimas que trajo aquella reunión. ¡Qué asombroso que Israel pueda inspirar tal patriotismo y dedicación! Gabe no creció en Israel, y puede que no decida pasar el resto de su vida aquí. Pero, aun así, quiere poner su granito de arena para proteger la tierra de sus antepasados. Y ese es el tipo de patriotismo que realmente encuentro inspirador.

 

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