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Cuando el pasado y el presente colaboran

Esto no se trata de una publicación sobre política, aunque involucra gobiernos y protestas. En realidad, es una hermosa historia sobre la providencia, el pasado y el presente.

Todavía estoy descubriendo el complejo pasado de la parte de Israel que ahora llamo hogar. Es un pasado fascinante, un pasado inspirador y muchas veces sorprendente.

Ya sabía que mi comunidad está localizada sobre un sitio arqueológico activo. Cualquier persona que construya aquí, debe firmar un documento legal declarando que si se descubre algo importante mientras se cava los cimientos de la nueva vivienda, todas las obras deben detenerse de inmediato, hasta que se lleve a cabo una evaluación adecuada del área. Vivimos a lo largo de una línea de ejes de acueducto, que fueron construidos en tiempos del Templo y que llevaban agua hasta el Templo en momentos que frecuentemente había escasez, como durante las tres festividades de peregrinaje. Pero estos hechos históricos eran desconocidos hace casi dos décadas.

Durante aquellos años, hubo una iniciativa del gobierno israelí para ceder esta zona a los palestinos. Nadie había construido en esta tierra todavía y, aunque legalmente es parte de nuestra ciudad, el gobierno de Israel estaba dispuesto a desprenderse de ella. Supongo que pensaron que recibirían paz a cambio. Cualquiera que sea la razón, esta zona estaba disponible y los residentes judíos locales no estaban de acuerdo.

Dos de esos residentes se acaban de convertirse en mis nuevos vecinos, pero en aquel momento eran tan sólo adolescentes con una extrema pasión por Israel. Ellos se unieron a otros adolescentes y madres que se negaban soltar la tierra y erigieron tiendas de campaña para acampar allí y de esa manera impedir que se cediera la zona. Estos jóvenes amontonaron piedras y crearon una estructura rudimentaria como un último intento de decir: “¡Estamos aquí! ¡No nos regalen!” Pero el gobierno tenía la intención de regalarlos, junto con la tierra en la que tenían colocadas sus tiendas.

Se enviaron tractores para demoler las estructuras improvisadas. Parecía como si la protesta pacífica pronto llegaría a su fin. Las piedras seguramente caerían. Las tiendas serían arrastradas. Por todos los medios naturales, eso es lo que debería haber sucedido.Pero, eso no fue lo que pasó.

Justo cuando el primer tractor empezó a rodar para destruir todo lo que se había construido, de forma misteriosa se le atascó la rueda en un agujero muy grande y profundo. El conductor y su equipo de trabajo hicieron una inspección, y quedó claro que aquel agujero no era cualquier agujero. El agujero era parte de algo antiguo. Estaban parados sobre terreno arqueológico, o como me gusta llamarlo, sobre tierra santa.

Aquel descubrimiento, el primero de una serie de ejes construidos como parte del antiguo sistema de acueducto, detuvo la operación para destruir y regalar la tierra. Ahora era un genuino sitio arqueológico que no podía ser entregado a los palestinos.

Profundizando más, lo que realmente sucedió es que algunas personas dedicadas a la tierra de Israel y al Santo Templo, construyeron algo que salvaría a otras personas igualmente dedicadas a la tierra y al mismo Dios, unos dos mil años después. A través de acontecimientos que sólo pueden describirse como intervención divina, el pasado colaboró con el presente para salvar una parte importante de Israel.

Esto es sólo un recordatorio más de que nuestra vida y nuestra tierra son parte de una cadena muy larga de eventos y personas que una vez llamaron a nuestro hogar su hogar. Somos parte de este mismo pueblo. Cualquiera que sugiera lo contrario sólo necesita visitar mi patio trasero.

 

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