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Testigo de milagros

Al comenzar el Año Nuevo, empecé a recordar los momentos especiales que hicieron resaltar el año pasado. Y cuando miro en retrospectiva el 2017, doy gracias a Dios por las increíbles experiencias que he tenido en mi trabajo con La Fraternidad; experiencias que me han permitido dar testimonio de su misión aquí en Israel.

Como parte de mi trabajo, fui a visitar los hogares de sobrevivientes del Holocausto y otros ancianos que reciben ayuda vital de La Fraternidad. Mientras transcurría cada entrevista, me quedé sentado en el borde de mi asiento, con cuaderno y bolígrafo en mano, escribiendo y escuchando atentamente mientras ellos compartían sus historias con lágrimas de dolor y triunfo.

Sentí una admiración abrumadora por aquellos ancianos sobrevivientes, cuya disposición para abrir viejas heridas surgía del deseo de compartir su pasado con nuestros donantes cristianos, cuya generosidad es lo que asegura su futuro. En la noche, cuando cierro los ojos para dormirme, a veces veo sus caras llenas de dolor al traer nuevamente a la memoria sus historias.

“Casi pierdo a todos a manos de los nazis. Se llevaron a mi madre, a mi padre y a tres de mis hermanos; sólo mi hermana y yo sobrevivimos”, recordó Yudit, que va todos los días a un proyecto de La Fraternidad para personas mayores, donde pasa tiempo en los talleres para ancianos y recibe un almuerzo caliente y nutritivo. “Ahora que mi hermana se ha ido y mi esposo ha fallecido, mi única familia es La Fraternidad.

Vi cómo nuestro ministerio ayuda a los miembros más viejos y más jóvenes de la sociedad israelí. Al visitar los orfanatos y hogares infantiles que La Fraternidad financia, vi demasiados niños abandonados, cuyos padres —por razones financieras, mentales o de salud— no pueden cuidarlos.

Por desgarrador que sea ver a un niño que vive separado de su familia, agradezco a Dios por nuestros donantes, cuya generosidad le permite a La Fraternidad llegar a estos niños, para hacerles saber que nos preocupamos por ellos y, lo más importante, garantizar que no se queden desprotegidos.

Cuando vi las caras de los soldados solitarios que reciben ayuda de La Fraternidad y escuché los relatos de primera mano de sus comandantes, sobre cómo el apoyo de donantes cristianos alivia sus preocupaciones y les ayuda a concentrar toda su energía en ser grandes soldados, me di cuenta de que nuestra misión es vital para la protección de la patria judía.

Cuando viajé a una base del ejército en la frontera norte de Israel con Siria, donde La Fraternidad ayuda a varios soldados provenientes de entornos extremadamente pobres, tuve la oportunidad de conocer a Motti, que es el comandante de la base. “Sólo para darle una idea de cuán importante es la ayuda de La Fraternidad para nuestra unidad, podría contarle acerca de David, uno de nuestros mejores soldados de combate”, explicó Motti. “Él proviene de un entorno muy pobre, es el mayor de tres hermanos y su madre los crio sola”.

Al estar preocupado por su madre y sus dos hermanos menores, que casi no tenían qué comer en casa, David no podía concentrar su energía en ser soldado y quería renunciar para poder regresar a su hogar y ayudar a su familia. “La Fraternidad ayudó a David y a su familia, asegurando que su madre y sus hermanos recibieran cajas de alimentos cada mes, y así fue como David tuvo la tranquilidad para concentrar toda su energía en ser el guerrero que es ahora”, explicó Motti.

Es cierto que la mayoría de nuestros guerreros llevan uniforme. Sin embargo, he conocido a muchos miembros del personal y a voluntarios dedicados, que llevan a cabo la misión de La Fraternidad de fortalecer al pueblo judío y al Estado de Israel, y para mí, ellos también son guerreros.

Me conmovieron especialmente los miembros del personal de nuestro departamento de aliyá (inmigración a Israel), que viajan a distintos lugares alrededor del mundo, donde el antisemitismo es generalizado y peligroso, arriesgando sus propias vidas para ayudar a los judíos a escapar de los países donde son perseguidos.

Vi que lágrimas corrían por los rostros de los miembros del personal mientras describían la pobreza que han visto aquí en Israel. “No puedo dormir algunas noches sabiendo que tantos niños aquí, en el moderno Estado de Israel, se van a dormir hambrientos por la noche”, explicó un miembro del personal que trabaja en un programa extracurricular para niños que provienen de entornos muy pobres, quienes estarían en las calles recogiendo comida de los contenedores de basura si no fuera por La Fraternidad.

Al mirar en retrospectiva el 2017, me siento sumamente bendecido de ser parte de este increíble ministerio que está tendiendo puentes sin precedentes entre judíos y cristianos. De cara al 2018, ruego a Dios para que La Fraternidad continúe siendo un faro de esperanza para los necesitados, un símbolo de solidaridad entre cristianos y judíos y un recipiente para las bendiciones divinas.

 

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