Isaías 58

Un niño abandonado finalmente recibe cariño

Svetlana vive sola en Ucrania

La infancia de Nikita ha sido trágica. Él nació hace nueve años con alguna discapacidad mental de una madre soltera, Natasha. Debido a que nunca nadie le ofrecio una buena atención, Nikita siempre estaba enfermo, delgado y débil, y no empezó a hablar hasta la edad de siete años.

Hasta hace poco, Nikita vivía en pésimas condiciones en una pequeña habitación con su madre en Ucrania. Compartían una pequeña cocina y un baño con 30 personas, y no había siquiera un escritorio o un lugar de estudio en su modesta casa. Natasha ganaba el salario mínimo trabajando como conserje en una escuela local, pero su salario no era ni es suficiente para criar a un niño.

Cuando los miembros del centro de la comunidad judía local se enteraron de su situación, invitaron a Nikita a ser examinado por el médico de la Casa de Acogida para los escolares, auspiciada por La Fraternidad. El doctor dijo que nunca había visto el daño tanto físico y mental en su vida, y que la razón fue la falta de cuidado y atención que Nikita había recibido.

Después de convencer a su madre, Natasha acordó inscribir a su hijo – de forma gratuita, gracias a la ayuda de la beca - a la Casa de Acogida, donde ahora se le proporciona con cuidado y amor.

Por primera vez, Nikita está aprendiendo a leer y escribir, y después de sólo unos meses en la Casa, parece que está progresando bien. Nikita se muestra muy contento con la ropa y útiles escolares que ha recibido. A pesar de estos avances, sigue teniendo dificultades para comer, ya que tiene miedo de que su madre aparezca de repente y tome su comida, dejándolo hambriento de nuevo.

La Casa de Acogida cree en las capacidades de Nikita, y está haciendo todo lo posible para ayudarle mental, física y espiritualmente. Este buen cuidado es posible gracias a los generosos donantes de La Fraternidad.