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Salvada por una mano colaboradora En 1984, Anita y su esposo abandonaron su nativa Rumania para realizar el deseo de toda la vida que ambos tenían de trasladarse a Israel. Al principio, cuando llegaron, vivieron confortablemente con el dinero de la pensión del esposo de Anita. Pero a los dos años, el esposo de Anita murió en forma repentina. Ella cayó en una profunda depresión. Como no habían tenido hijos, Anita se quedó totalmente sola. Sin la pensión de su marido, perdió el soporte económico. Luego vinieron las cirugías en el corazón que la dejaron postrada en la cama, y tenía que permanecer en su casa durante semanas enteras. «No tenía donde ir —nos cuenta Anita—. Necesitaba ayuda con urgencia». Hoy día Anita recibe la ayuda que necesita gracias a los Centinelas de Israel. Los Centinelas pagan los servicios de una persona que llega a la casa de Anita y se hace cargo de sus necesidades físicas, realiza las tareas que Anita no puede hacer por sí misma como bañarse, hacer las compras, cocinar y limpiar. La visita de esta persona colaboradora brinda también la tan necesaria compañía. Gracias a los Centinelas, Anita recibe el cuidado que necesita para vivir con comodidad y dignidad. «Si no fuera por la persona que me ayuda —dice Anita—, aquí estaría yo desamparada, incapaz de hacer lo que necesito para vivir». Anita está profundamente agradecida por la ayuda que los Centinelas le han brindado. «Por favor, sigan con esta ayuda —dice Anita—, porque hay mucha gente como yo. Dependemos de ustedes para vivir, y muchas gracias por venir en nuestro auxilio». Le pedimos que dé hoy su donativo a los Centinelas de Israel. |
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