Josef: el testimonio de un sobreviviente

Josef: el testimonio de un sobreviviente

Josef es un judío ucraniano de 75 años de edad, sobreviviente del Holocausto. Durante la Segunda Guerra Mundial estuvo prisionero en Auschwitz, el famoso campo de concentración nazi. Por muchos años no le contó a nadie las horribles experiencias que vivió durante la guerra.

Sin embargo, hace poco, a petición de una de las personas que trabaja en el centro hesed de su comunidad, Josef empezó a contar la historia de su vida. En este centro, no solo ha encontrado esperanza, sino también le dan atención médica y comida de manera regular, y es por esto que Josef se sintió en el ambiente propicio para contar sus experiencias, además del aliciente de saber que la historia de su vida no será olvidada. De esta manera, Josef empezó a compartir sobre su vida:

«Yo trabajaba en una mina de carbón cuando las primeras tropas se acercaban. Íbamos en marcha en varias filas; llevábamos puestos nuestros uniformes de prisioneros. Nuestras botas tenían suelas de madera. Hacía mucho frío y todos estábamos muy débiles. A los que no podían continuar la marcha los mataban y dejaban ahí mismo sus cuerpos. Nos hicieron marchar de esa manera tres días, noche y día. Cuando parecía que las primeras tropas estaban más cerca, nos metieron en vagones que usaban para transportar carbón. Nos amontonaron ahí unos sobre otros. Durante la travesía en esos vagones, la gente de un pueblo por el que pasamos se dio cuenta de que en ellos iban prisioneros y entonces nos tiraron pan y carne. Estábamos hambrientos y muy débiles. Tratamos de apañar lo que nos tiraban. Como teníamos tanta hambre, nos empujábamos y nos encaramábamos unos encima de otros para poder coger los pedazos de pan y carne. Los guardias nazis gritaron — ¡alto!, y empezaron a matar a los prisioneros. Muchos murieron. Los guardias nos forzaron a echar los cuerpos en el vagón y a ponerlos en forma de banca, y nos mandaron a sentarnos encima de ellos. Pasamos tres días más en esas condiciones. Solo pensábamos en el día en que pudiéramos escapar.»

Josef añade: «Luego, nos sacaron del vagón, nos pusieron en varias filas y nos mandaron reanudar la marcha. Pasaron muchos días. Después, llegamos a un bosque pequeño, nos detuvimos y miramos a nuestro alrededor, pero no vimos a ninguno de los guardias. Era de noche y estaba oscuro. Vimos un gran establo. Nos acercamos muy sigilosamente, nos metimos arrastrándonos y dormimos ahí toda la noche. No oímos que se estuvieran acercando los tanques. Cuando nos despertamos, pudimos ver luz por las rendijas del establo. Nos asomamos y vimos una estrella de cinco picos. No sabíamos que tanto los ingleses como los estadounidenses llevaban estrellas de cinco picos.»

Lo primero que Josef y los demás pensaron fue que se trataba de un tanque ruso. Continuó su relato de la siguiente manera: «Empezamos a susurrar: —es un tanque ruso, es un tanque ruso. Pero luego supimos que eran estadounidenses. Cuando los soldados estadounidenses nos encontraron, se quedaron atónitos al ver la condición de nuestros cuerpos. Entre nosotros había jovencitos y adultos. Los soldados nos dieron chocolates, vitaminas y agua. Sentí que las fuerzas volvían a mis músculos; luego nos dijeron cómo llegar a la carretera. Los soldados estadounidenses en jeeps se acercaron a nosotros. Nunca los olvidaré. Éramos como 80 en nuestro grupo. Nos llevaron a un pueblo de Alemania y nos acomodaron en casas que habían sido de los nazis. Nos quitamos los uniformes de prisioneros y nos mostraron unos montones de ropa y nos dijeron que tomáramos lo que quisiéramos. Nos aseamos. Ellos nos dieron comida. Había también médicos ahí.»

Josef nos dio con humildad las gracias por haberle puesto atención. Antes de irnos, nos dijo que agradecía profundamente a los que colaboran con el programa Isaías 58 de La Fraternidad, a quienes él considera héroes porque financian el centro hesed donde él ha recibido tanto apoyo. «Muchas gracias por la ayuda que nos dan —continuó él—. Dele mis saludos a esa gente tan buena. Pido que tengan paz

Si no fuera por la compasión y el cariño del personal de La Fraternidad, la historia de la vida de Josef nunca hubiera visto la luz, y si no fuera por el centro hesed que La Fraternidad financia, es posible que Josef no estuviera vivo hoy. Lamentablemente, decenas de miles de sobrevivientes del Holocausto, como Josef, viven en condiciones paupérrimas en la antigua Unión Soviética, y ni siquiera tienen para las necesidades más básicas como comida y medicamentos. Con un donativo para Isaías 58, usted puede ayudar a que estos judíos que sufren encuentren paz y consuelo en su vejez.

Espero que hoy usted también dé su donativo para este ministerio de socorro, de modo que otros como Josef puedan vivir el resto de sus vidas con un poco de dignidad y bienestar.

Por favor done a Isaías 58 hoy mismo.