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Israel procura la paz, aun contra viento y marea
Estimado amigo de Israel:
Una vez más Israel y los palestinos volverán a la mesa de negociaciones. Las negociaciones de paz, patrocinadas por Estados Unidos —las primeras desde finales del 2008, cuando se interrumpieron después de casi un año—, empezarán el 2 de septiembre, en Washington, entre el primer ministro israelí, Netanyahu, y el presidente de la Autoridad Palestina, Abbas.
En esta ocasión las caras del lado de Israel y de EE. UU. son otras, pero los asuntos a tratar no lo son: el control de Jerusalén, las fronteras, el estatus y la condición de los refugiados, la seguridad, los asentamientos, etc. Además, está siempre presente la enorme dificultad de convencer a los palestinos —incluso los partidos que gobiernan, como el grupo terrorista Hamás, que no estará representado pero que ejerce gran influencia— de respetar las decisiones que se tomen.
Si hay algo que todos tienen en común en este debate tan acalorado es el pesimismo. Algunos creen que las negociaciones servirán únicamente para enredar otra vez las cosas, para luego volver a llegar a un punto muerto. Un conocido columnista de temas políticos de un diario israelí lo resumió así: «La mayoría de los israelíes ya han decidido que nada saldrá de esas conversaciones, que sus vidas seguirán igual, así que, ¿qué les importa?». Un artículo de la Reuters citó las palabras de un palestino: «Es un fracaso desde el principio», y otro: «No tenemos ninguna esperanza». Netanyahu ha dicho que quiere llegar a un acuerdo con los palestinos para «hacer callar a los incrédulos», pero reconoce que muchos dudan de que se logre algo en estas negociaciones.
Entonces, ¿para qué molestarse? ¿Qué sentido tiene reunir en un salón, cada cierto tiempo, a los gobernantes de algunas naciones para abordar las mismas negociaciones que ya de antemano parecen un fracaso? Dada la historia de los intentos anteriores de buscar la paz entre Israel y los palestinos, estas son preguntas válidas.
La respuesta está en el llamado que se hace a los judíos y a los cristianos de pedir por la paz de Jerusalén (Salmo 122:6) y, además, de buscar la paz y seguirla (Salmo 34:14). Sabemos que el camino hacia la paz ha sido marcado por Dios mismo. Él es el único que sabe cuándo y cómo se logrará y si nuestros esfuerzos servirán para hacerla posible. En todo caso, se espera de nosotros que participemos activamente en la búsqueda de la paz y que no dejemos que el desánimo y el cinismo sean una excusa para no procurarla.
Ninguna de estas cosas significa que uno no es realista. Israel —y por supuesto cualquier otra nación que desea sobrevivir— debe ser realista y adoptar una postura firme en cuanto a sus adversarios y no debe hacer concesiones que puedan poner en peligro a sus habitantes. No hay duda de que, en este caso, el primer ministro Netanyahu —un realista como ningún otro— ha sopesado los riesgos y las posibles ventajas de las negociaciones, y ha decidido inclinarse a favor de estas.
Esperamos que haya tomado una decisión sabia, y oraremos para que así sea. En todo caso, no importa lo que suceda o no suceda en estas próximas negociaciones, no dejemos de pedir por la paz ni de esforzarnos por procurarla. Además, tengamos presente que en nuestros corazones podemos conocer la paz. Nuestra confianza debe estar puesta en el hecho de que debemos obedecer el mandato de Dios de pedir por la paz de Jerusalén, de que debemos procurar la paz en nuestras familias, en nuestras comunidades y en el mundo y de que debemos seguir confiando en que el Dios de paz que tenemos cumplirá su promesa a su debido tiempo.
Rabino Yechiel Eckstein
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