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El rincón de Yael:
Un resplandor de luz santa

¡Shalom!
La gente a veces me pregunta que cómo hago para criar a mis hijos en Israel, dado que las amenazas y el temor son una realidad constante en todo el país. Mi respuesta es simple: los estoy criando en su verdadera patria, en un lugar en el que se les enseña a resplandecer en un mundo de tinieblas.
Hace poco estuve pensando en esto, durante una gran ceremonia que organizó un rabino justo para honrar la memoria de su padre. En un momento dado, en la oscuridad de la noche, el rabino Iffergan echó miles de velas en una fogata para traer más luz santa al mundo, en honor a su padre. Me inspiró ver a este hombre santo llevar a cabo esta ceremonia antigua con tanto amor.
Sentí que el calor agradable del fuego llegaba no solo a mi cuerpo, sino también a mi alma. Pensé que así como la llama de la vela se extiende hacia arriba pero la mecha la mantiene firme en su lugar, de igual manera nosotros debemos siempre extendernos hacia Dios pero estar firmes en este mundo para vivir la verdad de su Palabra. Sentí una responsabilidad de mucho peso por el mundo al recordar que una sola vela puede encender a muchas otras.
La ceremonia me llegó al corazón y despertó en mí un amor ardiente por Dios y por todo el pueblo de Israel. Esa escena en la que miles de personas estaban ahí con el rabino cantando salmos, aplaudiendo y deleitándose en la santidad, como si estuvieran en el mejor concierto del mundo, fue de veras impresionante.
A la mañana siguiente la noticia de la ceremonia apareció en todos los periódicos. Me alegra mucho que esta nación santa se ve cautivada por personas santas, por la Biblia y por obras buenas, y no solo por la belleza física o por lo último de la moda. Entre los «súper famosos» de Israel se encuentran los rabinos de renombre, los grandes filántropos y los soldados heroicos. Los israelíes admiran los hechos justos, y Dios también. Me encanta ver cómo su pueblo aquí en el mundo refleja el corazón de Dios, y me alegro mucho de que mis hijos ven eso todos los días.
Cuánto me agrada también cuando mis hijos llegan de la escuela y me cuentan acerca de los fundadores de nuestra nación, y saben que fueron Abraham, Isaac y Jacob; o cuando se entusiasman porque han oído de algún hallazgo antiguo en las excavaciones donde estaba el antiguo templo, que está a pocas cuadras de nuestra casa. Me siento orgullosa de lo que aprenden en la escuela, porque además de Matemáticas, Ciencias y Biología, deben memorizar los nombres de grandes filántropos y de sus aportes a la sociedad israelí.
Israel se aferra firmemente a su herencia espiritual y a sus valores bíblicos. Estoy criando a mis hijos para que sean velas que alumbren al mundo con la santidad y la verdad. Tenemos la bendición de vivir en una tierra en la que esas llamas son avivadas para que ardan para Dios.
Yael
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