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El rincón de Yael:
La tierra del norte

¡Shalom!
La gira que hice la semana pasada por la antigua Unión Soviética, para visitar las obras que patrocina La Fraternidad, fue una experiencia que transformó mi vida. Aunque ya había oído muchos relatos de la pobreza, la situación desesperada y el antisemitismo que los judíos sufren a diario en la región que la Biblia llama la «tierra del norte», haberlas visto con mis propios ojos fue muy doloroso y muy duro para mí.
Durante la gira de cinco días visité un pueblo diferente cada día. Antes del Holocausto, en esos pueblos había una comunidad judía floreciente. Pero, en la actualidad, 70 años después, lo único que queda de esas comunidades judías son algunos ancianos que pudieron sobrevivir y las fosas comunes donde están enterrados sus familiares.
Cuando llegaba a los pueblos y veía las casas pequeñas que una vez pertenecieron a los judíos, pero en las que ahora viven otras personas, me entraba el presentimiento escalofriante de que esas casas fueron ocupadas por la misma gente que guardó silencio cuando se llevaron a los judíos, que eran los dueños, a la muerte en las cámaras de gas y en las fosas comunes al otro lado del pueblo.
Me eché a llorar cuando vi que las antiguas sinagogas habían sido convertidas en basureros públicos y que había esvásticas pintadas en los cementerios judíos. Al ver la destrucción tan real que hay en la antigua Unión Soviética, no me queda duda de que el antisemitismo está muy activo en el presente. La generación de ancianos que vio el desarrollo del Holocausto y no pronunció ninguna palabra de protesta, es la misma que ha criado a la nueva generación con los mismos valores antijudíos. Es un ciclo vil y terrible que se repite por toda Europa del Este y que no se acaba. Puedo dar testimonio de la triste realidad de que los judíos de la antigua Unión Soviética viven en constante peligro.
En las viviendas deterioradas, cerca de las sinagogas convertidas en basureros y de los cementerios llenos de esvásticas, viven algunos sobrevivientes del Holocausto, esparcidos por las ruinas de ese antiguo pueblo judío. Quedé espantada al ver la condición pobrísima y el temor en que viven en esos pueblos desolados los judíos sobrevivientes que no tienen a quien recurrir. Como me dijo una anciana de 92 años que lloraba desconsolada: «Los vecinos, cada vez que me ven, me dicen: “judía inmunda”. Me da mucho miedo salir de la casa. Me vienen recuerdos de cuando mis padres fueron asesinados por los nazis. Temo por mi vida constantemente». El único sustento vital con el que esta anciana y miles como ella cuentan es el paquete de víveres que les llevan los amables voluntarios de La Fraternidad.
Los ancianos sobrevivientes del Holocausto que viven en la antigua Unión Soviética dependen de un estipendio de $90 mensuales que les da el Estado; pero el costo de vida es más elevado que en los EE. UU. La mayoría de los ancianos que visité no cuentan con agua potable en sus casuchas, sino que dependen de un pozo que está en el patio trasero. Durante el duro y helado invierno en Rusia, las ancianas tienen que salir a sacar el agua que necesitan para sobrevivir. No cuentan con electricidad; los pocos comestibles que tienen están viejos. La única manera en que pueden llegar a tan avanzada edad es por un milagro.
Las necesidades que tienen los judíos de la antigua Unión Soviética son urgentes y muy reales. La Fraternidad es el organismo que financia la ayuda vital que se les da. El sacrificio y la generosidad de millones de cristianos han hecho posible que La Fraternidad tenga orfanatos para los jovencitos que de otra manera terminarían en las calles, que dé paquetes de víveres a los ancianos que de otra manera morirían de hambre y ponga en marcha medidas de seguridad en las comunidades que de otra manera serían el blanco principal de los ataques terroristas.
Si bien es muy duro ver la devastación causada por el Holocausto y la situación de los sobrevivientes que aún sufren en la antigua Unión Soviética, me infunde ánimo saber que hoy día la realidad ha cambiado mucho desde los días del Holocausto. Aunque en la antigua Unión Soviética todavía existe el antisemitismo desenfrenado, como en la década de 1930, los judíos de hoy día cuentan con millones de cristianos que no solo nos apoyan y están con nosotros para proclamar a viva voz «nunca más», sino también para atender a las necesidades de la comunidad judía en la región que la Biblia llama la «tierra del norte».
Con bendiciones desde Tierra Santa,
Yael
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