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Danza y lágrimas en Tierra Santa
Estimados amigos de Israel:
Parece increíble que hace apenas dos semanas el Estado de Israel celebraba con gran alegría las festividades judías de los Tabernáculos (Sukkot) y del regocijo en la Tora (Simchat Torah) y el tan esperado regreso del soldado israelí Gilad Shalit que había estado cautivo varios años.
En marcado contraste con esas celebraciones, la semana pasada 200 000 niños no pudieron asistir a las escuelas y a los ciudadanos se les avisó que estén cerca de los refugios antiaéreos, debido a la gran cantidad de cohetes que los terroristas palestinos de Gaza han lanzado contra el sur de Israel desde el sábado pasado.
Un residente de Ascalón, Moshe Ami, de 56 años, fue alcanzado por fragmentos de metralla que le causaron la muerte. Otros 36 residentes resultaron heridos en los ataques. Los cohetes causaron muchos daños a varios edificios, incluso a un colegio en el cual, gracias a Dios, no había nadie en ese momento.
Para colmo de males, a principios de esta semana la UNESCO —institución cultural de la ONU— aprobó aceptar a los palestinos como miembros de pleno derecho. Poco después, los líderes palestinos dijeron que solicitarán a otras 16 instituciones de la ONU que los acepten como miembros, como parte de su gestión de ser reconocidos como Estado.
Esa ha sido la experiencia de Israel a lo largo de su larga y dramática historia de temporadas de regocijo intercaladas con temporadas de dolor. Los años de esclavitud dura en Egipto seguidos de la liberación milagrosa llevada a cabo por Dios. Los horrores del Holocausto seguidos del restablecimiento glorioso del Estado Judío.
Me viene a la memoria el pasaje de Eclesiastés 3, en el que encontramos las sabias palabras: «Todo tiene su tiempo» —versículo 1—, y luego: «tiempo de matar y tiempo de curar,
tiempo de destruir y tiempo de edificar, tiempo de llorar y tiempo de reír, tiempo de hacer duelo y tiempo de bailar» (vv. 3-4).
Ofrecemos nuestro profundo pésame a la familia de Moshe Ami, y nos duele mucho la constante y dura actitud antiisraelí de las Naciones Unidas. Como pueblo, nos dolemos y lamentamos, pero lo hacemos sabiendo que el tiempo de reír y de bailar volverán, y que nuestro Dios es el que tiene dominio sobre todas las cosas.
Así que, con los ojos puestos en Él en estos días de peligro y dolor, oramos para que pronto nos llegue el «tiempo de paz» prometido.
En oración pidiendo por shalom, la paz,
Rabino Yechiel Eckstein
Presidente
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