Un recordatorio del poder de Dios

Estimado amigo de Israel:

Constantemente se nos recuerda que el mundo puede ser un lugar peligroso y caótico. Terrorismo, desastres naturales, agitación política… todo esto puede ser abrumador mientras nos ocupamos de nuestra vida diaria.

En estos tiempos difíciles, así como en todo momento, necesitamos un recordatorio de la soberanía de Dios. Los Santos Días Supremos, que comienzan el 9 de septiembre con Rosh Hashaná, el Año Nuevo Judío, ofrecen ese recordatorio.

Los judíos creemos que nuestro destino se “escribe” cuando Dios juzga al mundo en Rosh Hashaná, y se “sella” en Iom Kipur. Durante este período de diez días, los judíos de todo el mundo participamos en una intensa introspección, al examinar nuestra vida y buscar el perdón de Dios y de los demás para el año que viene. Por supuesto, este espíritu de humildad y reconciliación debe seguirnos a lo largo de nuestra vida. Sin embargo, durante los Santos Días Supremos, creemos que tenemos un mayor poder para transformarnos y canalizar nuestras habilidades y recursos en el servicio a Dios.

Los Santos Días Supremos también se conocen como los “Días de Asombro”. Este nombre es apropiado, ya que, del mismo modo que nos quedamos asombrados de la soberanía y el poder de Dios, también me asombra la generosidad y el corazón abierto de ustedes, nuestros amigos de La Fraternidad. Cada día, esa generosidad nos permite alimentar a los hambrientos, vestir a los desnudos y dar esperanza a los desesperados.

Es profundamente aleccionador e inspirador ser parte de tal benevolencia. Al acercarnos a este período sagrado, con una profunda gratitud les doy las gracias por permitir que La Fraternidad brinde dignidad y alegría a algunas de las personas más vulnerables del pueblo de Dios.

Ya sea usted cristiano o judío, que estos días le traigan la abundancia de la bendición de Dios. Que nuestro Dios compasivo y soberano aprecie el espíritu de generosidad que usted ha demostrado regularmente al pueblo de Israel, y que todo el mundo sea bendecido con el regalo más preciado de Dios, el de shalom, la paz.

Con oraciones por shalom, la paz,

Rabino Yechiel Eckstein