Como Efraín y Manasés

Aquel día Jacob los bendijo así: “Ésta será la bendición que en Israel se habrá de pronunciar: Que Dios cuide de ti como cuidó de Efraín y de Manasés.’ De este modo, Israel dio a Efraín la primacía sobre Manasés.” — Génesis 48:20

La porción de la Torá de esta semana, Vaiejí, es de Génesis 47:28—50:26 y de 1 Reyes 2:1–12.

Cada viernes por la noche, cuando las familias judías se reúnen alrededor de la mesa para celebrar la comida festiva del Shabbat, los padres bendicen a sus hijos e hijas. A las chicas les decimos: “Que Dios te haga como Sara, Rebeca, Raquel y Lea.” A los chicos les decimos: “Que Dios te haga como Efraín y Manasés.” Es fácil entender por qué elegimos bendecir a nuestras hijas, queriendo que sean como las grandes matriarcas. Pero, ¿por qué no bendecimos a nuestros hijos para que sean como los santos patriarcas? ¿Por qué en su lugar elegimos a los hijos de José, Efraín y Manasés?

Efraín y Manasés lograron algo que nadie más en la familia del pacto había logrado. Isaac e Ismael eran hermanos, pero no eran capaces de vivir juntos; Ismael fue expulsado de la casa de Abraham. Jacob y Esaú eran gemelos, y ellos también tuvieron su periodo de rivalidad entre hermanos; hubo un momento en que Esaú quería matar a su hermano. Luego llegaron los doce hijos de Jacob, y como sabemos, su relación con José no fue perfecta tampoco; sus celos por el hijo favorito de Jacob los llevó a vender a José como esclavo.

Por último, Efraín y Manasés entran en escena. José puso al hijo mayor, Manasés, bajo la mano derecha de Jacob. La mano derecha se considera la más fuerte de los dos, tanto física como espiritualmente. Manasés, el hermano mayor, era merecedor de ese privilegio. Efraín, el hermano menor, fue puesto bajo la mano izquierda de Jacob, la mano más débil. Pero para sorpresa de José, Jacob cambió sus manos, cruzándolas, y puso la mano derecha sobre la cabeza del hermano menor y la izquierda sobre el hermano mayor. ¿Fue eso un error?

Jacob explicó que había visto en una profecía que los grandes hombres vendrían de Efraín, el hermano menor, por lo que necesitaba la bendición mayor para ayudar a sus descendientes. Sorprendentemente, Manasés no protestó, no estaba celoso ni resentido. Efraín y Manasés fueron los primeros hermanos que se amaron incondicionalmente y no pelearon.

Es por eso que los padres bendicen a sus hijos para que sean como Efraín y Manasés, porque así como es bueno ser justo y santo como los patriarcas, también es muy importante ser capaz de vivir en armonía con nuestros hermanos. Como dice en los Salmos: “¡Qué bueno es, y qué agradable, que los hermanos convivan en armonía!” (133:1, RVC). Pocas cosas hacen más feliz al Señor, que cuando hay unidad entre sus hijos. Este es el principio sobre el cual fundé La Fraternidad, para tender puentes de comprensión y armonía entre hermanos y hermanas judíos y cristianos.

Deje que Efraín y Manasés sean un ejemplo en su vida diaria. Esté feliz por los éxitos de sus amigos y apóyelos en momentos de dificultad. Cuando somos rencorosos o celosos, terminamos perjudicándonos a nosotros mismos y a los demás. Todos somos lo mejor que podemos ser, cuando vivimos juntos en unidad.

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