Lección de vida

David ya estaba próximo a morir, así que le dio estas instrucciones a su hijo Salomón: “Según el destino que a todos nos espera, pronto partiré de este mundo. ¡Cobra ánimo y pórtate como hombre!” — 1 Reyes 2:1-2

La porción de la Torá de esta semana, Vaiejí, es de Génesis 47:28—50:26 y de 1 Reyes 2:1–12.

La porción de la Torá de esta semana, comienza con Jacob en su lecho de muerte, hablándoles a sus hijos por última vez. La Haftará de esta semana comienza con el rey David en su lecho de muerte, hablándole a su hijo Salomón por última vez. Curiosamente, los dos hombres comenzaron su  “testamento” de la misma manera.

Jacob dijo: “Voy a ser reunido con mi pueblo” (Génesis 49:29, RVR1995). David dijo: “Pronto partiré de este mundo.” En ambos casos, los hijos que estaban reunidos ya sabían que su padre se estaba muriendo. Estas palabras no tenían el propósito de ser informativas, sino que estaban destinadas a ser una fuente de inspiración.

Según el parecer de un niño, la vida puede continuar para siempre. A medida que crecemos, empezamos a entender que en algún momento se acabará. Al envejecer, empezamos a darnos cuenta de que el final podría estar más cerca de lo que pensamos. Luego, si tenemos la suerte de llegar tan lejos, nos damos cuenta de que nuestro fin se acerca rápidamente. Nuestra propia mortalidad es un concepto aleccionador, pero también es un concepto que nos empodera.

En el libro de los Salmos, el rey David escribe: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días que traigamos al corazón sabiduría” (Salmo 90:12, RVR1995). David le pidió a Dios que le ayudara a entender cuán corta es la vida, para así poder tener sabiduría acerca de cómo vivir cada día. Él sabía que muchos de los errores que cometemos en nuestra vida, se producen porque no entendemos cuán frágil y breve es la vida realmente. Si lo hiciéramos, apreciaríamos cada momento y aprovecharíamos cada minuto. ¡Saber que vamos a morir nos instruye sobre cómo vivir!

Es por eso que tanto Jacob como David, decidieron comenzar el mensaje final a sus hijos con una lección acerca de la muerte. Ambos dijeron: “Voy a morir”. El significado implícito es “y un día, ustedes también morirán”. La esperanza más profunda de Jacob y David era que este mensaje resonara en sus hijos y la muerte de los padres pudiera inspirar sus vidas.

Nosotros también podemos aprender de ellos. De Jacob y David, podemos aprender a valorar cada momento de nuestras vidas y no dar por sentado ni un segundo de ellas. Necesitamos tener en cuenta que nuestros días y años son oportunidades para alcanzar la grandeza. Son nuestros para aprovecharlos, o Dios no lo quiera, para desperdiciarlos.

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