Orar por los demás

Entonces Abraham oró a Dios, y Dios sanó a Abimelec, a su mujer y a sus siervas, las cuales tuvieron hijos. — Génesis 20:17, RVR1995

La porción de la Torá  de este semana, Vayerá, es de Génesis 18:1 — 22:24 y de 2 Reyes 4:1 – 37.

Los sabios explican que la historia del nacimiento de Isaac sigue inmediatamente a la oración de Abraham por Abimelec, con el fin de enseñarnos que cuando alguien ora por otra persona, se ve recompensado a sí mismo con esta petición. En este caso, el rey Abimelec, su mujer y sus esclavas no podían tener hijos. Abraham oró por ellos y pudieron concebir. Seguidamente nos enteramos del milagroso nacimiento de Isaac. Al orar por otros, Abraham también obtuvo respuesta a su más profunda oración.

Una vez, un estudiante se acercó a su rabino para hacerle una pregunta acerca del  principio antes mencionado, que probablemente todos nos preguntemos: ¿Funciona esto incluso si una persona ora por su amigo sólo para recibir beneficio él mismo? Las oraciones de Abraham eran desinteresadas y sinceras. Pero, ¿funciona cuando la oración sirve un propósito egoísta?

¿Qué respondería usted?

La respuesta del rabino le sorprenderá; ¡dijo que sí! El rabino lo explicó de esta manera: Dios es la fuente de todas las bendiciones, pero es necesario que haya un canal que sea capaz de traer las bendiciones de Dios al mundo. Uno de aquellos canales es la oración. Cuando oramos, nos conectamos con Dios. Cuando oramos por un amigo, nos convertimos en el canal que conecta a nuestro amigo con Dios. Cuando Dios hace descender la bendición que se ha pedido, inevitablemente somos también colmados de esa bendición.

Entonces el rabino le dio la siguiente analogía para ayudarlo  a entender el concepto: La hierba necesita agua, pero para recibirla el agua tiene que viajar a través de una manguera. Dado que la manguera es el canal para que el agua alcance la hierba, no puede evitar mojarse. Del mismo modo, cuando pedimos bendiciones para los demás, también somos tocados por esas bendiciones.

¡Qué forma tan poderosa de dar y recibir! Solemos pensar que dar y recibir son dos experiencias separadas: dar beneficia a otros, mientras que recibir es bueno para nosotros. Pero aquí aprendemos que los dos actos pueden llegar a ser uno. Al orar por otras personas que necesitan lo que nosotros necesitamos, ¡podemos dar y recibir al mismo tiempo! Pero no me crea a mí; ¡pruébelo usted mismo!

 

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