Todo tiene sentido

Yo soy José,” les declaró a sus hermanos. “¿Vive todavía mi padre?” Pero ellos estaban tan pasmados que no atinaban a contestarle. — Génesis 45:3

La porción de la Torá de esta semana, Vaigash, es de Génesis  44:18 – 47:27 y de Ezequiel 37:15 – 28.

Imagínese lo que estaban pensando los hermanos de José antes de que él se les revelara.

Tanto había pasado desde que salieron en un viaje inocente para encontrar alimento para su familia, durante la hambruna. El primer ministro de Egipto (José) los acusó de ser espías e hizo la extraña petición de que regresaran con su hermano menor, Benjamín –del que su padre se negaba a separarse– con el fin de ganar su confianza.

Para asegurarse de que iban a volver, José tomó a su hermano Simeón como garantía. La situación se volvió  de mal en peor cuando descubrieron que, de alguna manera, la plata que habían utilizado para pagar por la comida estaba de vuelta en sus costales. Se les había tendido una trampa. Confundidos se preguntaron: “¿Qué es esto que Dios nos ha hecho?” (Génesis 42:27, RVR1995).

Una vez que la familia se encontró al borde de la inanición de nuevo, finalmente convencieron a Jacob de que los dejara llevar a Benjamín a Egipto, para así poder regresar la plata, redimir a Simeón y comprar más alimentos. Esta vez fueron tratados como realeza y se asombraron de que el misterioso gobernador sabía incluso cómo sentarlos según sus edades. Al recibir una cantidad de alimentos que era cinco veces más que lo que recibieron los otros hermanos, Benjamín fue claramente favorecido por el misterioso egipcio. Pero las cosas salieron mal de nuevo cuando los hermanos descubrieron la preciada copa de José en el costal de Benjamín. ¿Otra trampa? Los hermanos habían tocado fondo. Nada tenía sentido y todo parecía perdido.

Entonces surgen las palabras que cambiaron todo: “Yo soy José.” Aquellas palabras hicieron que todo encajara.

Ahora, los hermanos entendían todo lo que había sucedido desde su llegada a Egipto; incluso entendieron el panorama total de lo que había sucedido desde años atrás. Todas las dificultades que el misterioso egipcio les había puesto eran para probarlos, para ver si se habían arrepentido verdaderamente de su error de haberlo vendido y para ver si iban a actuar de manera diferente si se enfrentaran de nuevo con una situación similar. José los ayudó a ver cómo el hecho de que lo habían vendido fue lo que le llevó a su posición en Egipto, que en definitiva resultó en que se salvara su familia de morirse de hambre. De repente, todo estaba claro.

Nuestros eruditos enseñan que esta escena será representada de nuevo al final de los tiempos, cuando Dios se revele al mundo y diga: “Yo soy Dios.” De repente, todo tendrá sentido para nosotros y vamos a entender cómo todas las cosas –incluso aquellas que ahora no parecen tener sentido– cumplen un buen propósito. Cuando Dios se revele al mundo, no vamos a tener más preguntas.

Así que tenga fe y esperanza en el mensaje de nuestra lectura de hoy: no importa lo mal que parezcan ser las cosas en este momento, un día todo tendrá sentido.

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