Un mensaje y un recordatorio

Entonces José hizo que sus hijos le prestaran juramento. Les dijo: “Sin duda Dios vendrá a ayudarlos. Cuando esto ocurra, ustedes deberán llevarse de aquí mis huesos.” — Génesis 50:25, NVI

La porción de la Torá de esta semana, Vaiejí, es de Génesis 47:28—50:26 y de 1 Reyes 2:1–12.

Al final de la porción de la Torá, José murió, al igual que su padre. Sin embargo, a diferencia de Jacob, que hizo prometer a sus hijos que lo enterraran en la tierra de Canaán, José permitió que sus hijos lo enterraran en Egipto. Pero también les recordó que su estancia en Egipto sería temporal y los obligó a llevar con ellos sus huesos, cuando se fueran de allí.

Los eruditos se preguntan: ¿Por qué José, desde el principio, no insistió que sus hijos lo enterraran en Canaán?

Ellos sugieren que José sabía que el Faraón nunca estaría de acuerdo. A José le consideraban realeza en Egipto y habría sido un gran insulto para Egipto –y por lo tanto un gran peligro para los israelitas– si José hubiese insistido en que lo enterraran en la Tierra Santa. Tal vez José pensó que su única opción era ser enterrado en Egipto.

Sin embargo, también existe la posibilidad de que José hubiera preferido ser enterrado en Egipto, al menos temporalmente. No porque le gustara más Egipto que Canaán, sino porque temía que a sus hijos les pudiera gustar más Egipto. José entendió la condición humana que padecería el pueblo judío durante siglos. Nos acostumbramos a ciertos hábitos y una vez que cambiamos nuestro hábitat, es difícil volver atrás.

José sabía que el hecho de ser enterrado en Egipto y la promesa de sus descendientes de un día sacarlo de allí, siempre los haría recordar que Egipto no era su hogar. Al visitar la tumba de su padre,  recordarían la promesa que le habían hecho. La tumba de José se convirtió en un punto de claridad para los israelitas, manteniéndolos enfocados en el futuro y en su meta final.

En la vida, a menudo nos imponemos metas que no son alcanzables en el presente. No tenemos el tiempo, la energía, los fondos, etc. A veces lo que hay que hacer es dejar de lado una meta hasta que llegue el momento adecuado. Pero también es importante recordar nuestros sueños y repasarlos periódicamente. Es tan fácil quedar atrapado en la vida diaria, que hasta olvidamos para qué estamos trabajando.

Los judíos tienen la costumbre de dejar una de las paredes de sus casas sin terminar. De hecho, ¡algunas personas tienen ladrillos expuestos en la sección de una pared que de otra manera sería una pared perfecta! Esto nos recuerda que la casa de Dios, el Templo Sagrado, está sin terminar. Mientras vivimos en nuestras casas cómodas, nos recordamos a nosotros mismos que todavía no nos hemos establecido: no podemos establecernos hasta que la casa de Dios sea reconstruida.

¿Cuáles son sus sueños? ¿Recuerda para qué está trabajando? Tómese un momento y repase sus primeras aspiraciones. Considere colocar un recordatorio simbólico de ese sueño en algún lugar de su casa.

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