Lectura bíblica: Daniel 3:1-30

Resulta paradójico que Daniel no aparezca en una de las historias más conocidas de su libro. La enseñanza judía explica que la ausencia de Daniel obedece al hecho de que Nabucodonosor lo envió lejos y sin posibilidad de decidir, para que el rey no se viera obligado a eliminar al hombre a quien tanto estimaba. Entonces los tres compañeros judíos de Daniel se convirtieron en héroes por negarse a desobedecer a Dios aún so pena de muerte. Por petición de Daniel, Sadrac, Mesac y Abed-nego habían sido también ascendidos a puestos clave en Babilonia (Daniel 2:49). Sin embargo, al igual que todos los súbditos de Nabucodonosor, se esperaba que ellos se inclinaran ante la imagen de oro que el rey había hecho y que constituía un monumental acto de egolatría de este gran monarca a quien se le había dicho que en su sueño él era la cabeza de oro (Daniel 2:38).

Nabucodonosor no estuvo presente cuando la música sonó y el pueblo tenía que inclinarse, pero algunos de sus astrólogos se cercioraron de que el rey supiera que sus funcionarios judíos habían desacatado la orden. El rey se enfureció al enterarse de que estos jóvenes, a quienes había delegado gran autoridad, hubieran osado desobedecerle. De inmediato llamó e interrogó a los tres hombres, y luego ordenó su ejecución en el horno de fuego. Pero todos vieron cuatro siluetas en medio del fuego, y los tres hombres salieron ilesos. En un momento de solemne humildad, Nabucodonosor declara que el Dios de Israel debía ser reverenciado en su reino.

Preguntas de estudio

  1. ¿Por qué decidió Nabucodonosor construir una imagen de oro?
  2. ¿Por qué estaban tan ansiosos los astrólogos del rey por reportar la desobediencia de los judíos a la orden real?
  3. ¿Qué motivó al rey a enviar a los tres oficiales judíos al fuego?
  4. ¿Por qué había cuatro siluetas en el fuego?

Reflexión

Quizá lo más extraordinario sobre la determinación de estos hombres de obedecer y adorar a Dios solamente es su actitud frente a la posibilidad de morir en el horno. Estaban dispuestos a ser fieles a Dios «aún si» Él no los libraba de las llamas (Daniel 3:18). Su fe no se basó en la tranquilidad o la comodidad, y esto constituye un grato recordatorio para nosotros hoy.