Lectura bíblica: Daniel 6:1-28

Daniel ya había enfrentado grandes apuros por practicar su fe en un reino pagano. En esta ocasión se trataba de otra nación, los persas, y de un rey diferente, Darío. Sin embargo, Daniel se halló de nuevo en problemas. Su lealtad a Dios y el odio inquebrantable de sus enemigos le acarrearon la sentencia de muerte en el foso de los leones. Los gobernadores del reino y los sátrapas no podían tolerar la idea de que un exiliado judío fuera su superior, y sabían que el rey Darío tenía un fuerte ego y estaba lleno de orgullo. Para aprovechar estas circunstancias concibieron un plan, y convencieron a Darío de que expidiera un decreto en el que se prohibía a todo el reino orar a otro dios aparte de él, so pena de ser lanzado al foso de los leones.

Todos en el reino sabían que Daniel era seguidor del Dios de Israel. Sus enemigos contaban con este hecho, y no se equivocaron. Vieron que Daniel oraba en su habitación, con su rostro hacia Jerusalén como hacen los judíos piadosos hasta hoy, y lo reportaron al rey de inmediato. Aunque a Darío le entristeció mucho la noticia, era consciente de que no podía revocar su decreto. De manera que estaba obligado a lanzar a Daniel al foso de los leones. Cuando a la mañana siguiente hallaron a Daniel ileso, Darío se regocijó y ordenó que lanzaran al foso a los acusadores de Daniel. Una vez más, el Dios de Daniel habría de ser adorado en todo el reino, y Daniel recibió honores.

Preguntas de estudio

  1. ¿Por qué los otros gobernadores odiaban a Daniel?
  2. ¿Sabía Darío que Daniel era el verdadero motivo detrás del plan de sus gobernadores?
  3. ¿Por qué ordenó Darío que los acusadores fueran lanzados al foso de los leones?
  4. ¿Cuál fue el resultado de este famoso incidente?

Reflexión

Como seguidores de Dios, debemos ante todo ser fieles a Él. Daniel procuró siempre honrar a Dios y obedecer su Palabra, a pesar de la persecución que muchas veces sufrió. Quienes permanecen fieles al Señor saldrán victoriosos al final, así como Daniel.