Lectura bíblica: Daniel 12:1-13

El libro y la historia de Daniel concluyen con un breve pero poderoso capítulo acerca de la liberación del pueblo de Daniel, la nación de Israel. En ese momento Daniel debió sentirse muy preocupado por el futuro de Israel. Pero en los versículos 13 recibió dos grandes mensajes de esperanza. Primero, que en los últimos tiempos el pueblo de Israel será liberado por la intervención del ángel Miguel, que es el defensor de Israel. Segundo, Daniel recibe la confirmación de que quienes han muerto serán resucitados. Hay mucho en esto que todavía es un misterio, pero debemos inclinarnos ante la sabiduría de Dios, como lo hiciera también Daniel por mandato, en vez de buscar más respuestas a lo que Dios ha decidido no revelar.

Daniel sabía que él no entendía por completo el significado de todo lo que había oído y visto. Pero el ángel que vio en esta visión le dijo que las palabras estaban «cerradas y selladas»(v. 9) hasta el tiempo que Dios ha escogido para que todo su significado sea develado. Después de esto nada más se sabe de Daniel, si bien parece que no regresó del exilio a Jerusalén con los primeros judíos, posiblemente a causa de su edad. Daniel había servido fielmente por más de 60 años, y aunque era un exiliado, Dios le concedió gran honor. Así pues, aunque Daniel no se cuenta entre los profetas de Israel, Dios lo escogió para revelarle el porvenir de Israel. De este modo, Daniel fue diferente de sus contemporáneos, los profetas Hageo, Zacarías y Malaquías, que no tuvieron visiones.

Preguntas de estudio

  1. ¿Qué revelación en particular pudo haber causado una profunda inquietud en Daniel acerca del futuro de Israel?
  2. ¿Por qué el significado de una parte de la profecía de Daniel le fue ocultada a él, y a nosotros?
  3. ¿Qué promesa de una bendición futura recibe Daniel?

Reflexión

Al igual que Daniel, nosotros no entendemos todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Pero Dios nos ha revelado lo suficiente en su Palabra para ser merecedor de nuestra fe en el presente y de nuestra confianza para el mañana. Y si también permanecemos fieles a Dios, recibiremos de Él una herencia.