Lectura bíblica: 1 Samuel 21:123:29

Es difícil imaginarse a un fugitivo tratando de escapar del rey de una nación que le persigue con su ejército y espías por doquier, en un país tan pequeño como Israel. Y sin embargo, David lo logró por un lapso que pudo haber sido hasta diez años. Más sorprendente es todavía si se toma en cuenta que él no era un desconocido que se movía entre sombras, sino que tenía con él 600 hombres y a las familias de estos. La seriedad del propósito de Saúl se ve realzado por la tragedia que le ocurrió a los sacerdotes en Nob, pequeña ciudad al norte de Jerusalén, cuando Saúl ordenó su ejecución.

David había llegado allí en busca de refugio, pero tuvo que abandonar el lugar e irse a Gat, en territorio filisteo. Entró entonces David en la ciudad natal de Goliat llevando con él la espada del gigante. De allí pasó a Adulam, a unos 33 kilómetros al suroeste de Jerusalén. Brilla la nobleza de David a través de la historia del rescate del pueblo de Keila, a unos 33 kilómetros al suroeste de Belén. Pero este pueblo lo entregó a Saúl, lo mismo que hizo el pueblo de Zif, en el país desértico de Judá. Jonatán vino a visitar a David para darle ánimo; pero a Saúl le habían avisado, y él y su ejército estaban a punto de capturar a David, entonces Dios intervino y dio alivio a David quitando a Saúl de la escena.

Preguntas de estudio

  1. ¿Por qué David se fingió loco cuando se presentó delante del rey de Gat?
  2. ¿Por qué cree que David,  que buscaba un lugar seguro para sus padres, se los llevó a Moab (22:3-4), a pesar de que Moab era un territorio hostil para un israelita?
  3. ¿Por qué estaba el pueblo de Keila tan anuente a traicionar a David, aun después de que él había salvado su ciudad de los filisteos?
  4. ¿En qué forma específica Jonatán dio ánimo a David (23:16-18)?

Reflexión

Todos pasamos por tiempos en los que sentimos que nos persiguen la gente o las circunstancias y necesitamos un lugar para refugiarnos. David encontró refugio en Dios y escribió su experiencia en los Salmos, para nuestro aliento y consuelo. Lea el Salmo 57, que David escribió cuando huía de Saúl, y acompañe a David en su alabanza y adoración.