Lectura bíblica: 2 Samuel 5:1-25

La muerte de Is-boset, hijo de Saúl, significó que el camino al trono de Israel quedó completamente despejado para David. Aun las tribus del norte que habían sido fieles a Saúl vinieron y reconocieron humildemente el derecho de David de reinar. Así que, por tercera vez, David fue ungido como rey de Israel. Los capítulos 5-10 de 2 Samuel cuentan la historia de la bendición continua de Dios sobre David y la prosperidad de su reino. El primer hecho de David como rey fue unificador: escogió a Jerusalén como su capital.

Jerusalén había sido una fortaleza jebusea desde los días de Josué (Josué 15:63). Sus defensores se burlaron de David, pero su ejército venció de forma aplastante a los arrogantes jebuseos, y él declaró a Jerusalén como «la ciudad de David» (2 Samuel 5:7). Los triunfos militares no pararon ahí, pues David derrotó también a los filisteos y a otros enemigos. Más importante aún es quizá el hecho de que David trajo el arca del testimonio a Jerusalén y estableció la ciudad como la capital espiritual y política de Israel. Dios hizo el pacto de que establecería el linaje de David para siempre, y David respondió con una oración de alabanza y acción de gracias. David edificó un gran imperio para Israel y para el Señor.

Preguntas de estudio

  1. ¿Por qué David derrotó de forma aplastante las diferentes naciones mencionadas en estos capítulos?
  2. ¿Qué importancia revestía el hecho de que David trajera el arca a Jerusalén?
  3. ¿Por qué promete Dios a David establecer su linaje real para siempre?
  4. ¿Cuál será el cumplimiento final de la promesa de Dios a David según la cual un rey se sentará en el trono davídico?

Reflexión

David pudo comprobar que Dios es fiel y que guarda sus promesas. ¿Hay alguna promesa en la Biblia que tiene un significado especial para usted? Medite en ella y luego eleve una oración de gratitud y alabanza a nuestro gran Dios quien nunca falta a sus promesas.