Lectura bíblica: 2 Samuel 9:1-13

Este capítulo es en verdad una pausa alentadora en medio de las batallas que enfrentó David para asegurar su reinado. En estudios anteriores aprendimos que David era un hombre de espíritu perdonador y compasivo, aun hacia Saúl que durante años lo persiguió e intentó matarlo. Es indudable que estas cualidades le ayudaron a caracterizarse como «un hombre conforme a su corazón [de Dios]» (1 Samuel 13:14). Y David fue tan misericordioso cuando procuraba alcanzar el poder como lo fue también cuando ejercía el dominio absoluto.

La mejor demostración del corazón de David fue su bondad hacia Mefi-boset, el hijo lisiado de Jonatán y el nieto de Saúl. Más que una simple respuesta misericordiosa, David buscó a alguien de la familia de Saúl que hubiera quedado y a quien pudiera mostrar misericordia. David estaba dispuesto a cumplir la promesa que años antes había hecho como respuesta a la petición de Jonatán: «y nunca apartes tu misericordia de mi casa. Cuando Jehová haya eliminado uno por uno a los enemigos de David de la faz de la tierra» (1 Samuel 20:15). David cumplió su voto y bendijo a Mefi-boset. Mientras los reyes de su época eliminaban cruelmente a cualquier posible rival, David fortaleció su dinastía mediante la misericordia.

Preguntas de estudio

  1. ¿El paso del tiempo había cambiado el amor de David por su difunto amigo Jonatán?
  2. ¿Por qué cree que el escritor fue cuidadoso en mencionar varias veces la discapacidad de Mefi-boset?
  3. ¿De qué formas demostró David su intención de cuidar de Mefi-boset?
  4. ¿Qué importancia reviste el hecho de que David también asumiera el cuidado de Micaía, el hijo de Mefi-boset?

Reflexión

Una vez más, encontramos a David como ejemplo de una vida que honra a Dios. Desde luego que David no era perfecto, como lo veremos. Pero era celoso de la gloria y la honra del nombre de Dios, además, demostró una gran misericordia hacia aquellos que nada podían ofrecerle a cambio. De hecho, cuando la Biblia habla de la misericordia de David emplea la maravillosa palabra que describe la misma bondad amorosa de Dios para con nosotros.