Lectura bíblica: 2 Samuel 11:1-27

La historia del encuentro pecaminoso de David con Betsabé es, sin duda, uno de los momentos más sombríos de las Escrituras. Cabe notar que esto ocurrió justo después de la airosa participación de David en la batalla en la que el ejército de Israel, bajo el mando de David, derrotó a los arameos. No obstante, en esta ocasión David envió a Joab a derrotar de nuevo a los amonitas, otro enemigo de Israel. En vez de ir a la batalla, David se quedó en casa, y en un momento de debilidad cedió a la tentación con Betsabé.

Tal vez la parte más asombrosa de este relato no sea la caída de David, porque después de todo era humano. Lo que resulta difícil de conciliar es su determinación a ocultar su pecado hasta el punto de ordenar la muerte certera de Urías, el esposo de Betsabé. David era, después de todo, el hombre conforme al corazón de Dios. Pero su negativa a reconocer su pecado no solo sirve como recordatorio de lo débil que puede ser la conciencia de los seres humanos, sino también de la capacidad para engañar y el deseo de proteger nuestros propios intereses al costo que sea. David hubiera podido tener éxito en su plan, salvo por dos factores: su sentimiento de culpabilidad y el comentario final del capítulo que no presagiaba nada bueno: «Pero esto que David había hecho fue desagradable ante los ojos de Jehová» (v. 27).

Preguntas de estudio

  1. ¿En qué circunstancias vio y codició David a Betsabé?
  2. ¿Por qué David llamó a Urías del frente de batalla y le pidió con insistencia que fuera a casa y estuviera con su esposa?
  3. ¿Por qué siente David la necesidad de asesinar a Urías?
  4. Según el Salmo 32:3-4, ¿cómo se sintió David mientras procuró ocultar su pecado de los demás y, sobre todo, de Dios?

Reflexión

A veces un solo acto de indiscreción basta para dejar huella en nuestra vida. Cuando las cosas van bien es aun más crítico mantener nuestros ojos puestos en el Señor. Así evitaremos desviarnos por la confianza en nosotros mismos o por las cosas que nos rodean y que podrían estar fuera de la voluntad de Dios para nuestra vida.