Lectura bíblica: 2 Samuel 12:1-15

Algo interfirió en lo que David debió considerar un exitoso encubrimiento de su aventura con Betsabé y el igualmente vergonzoso asesinato del esposo de esta. Dios llamó a cuentas por su pecado al rey que escogió, y lo hizo de la manera más directa y asombrosa. El profeta Natán se presentó ante David y le contó una experiencia, seguro de que ésta indignaría al rey. Tan pronto terminó de contarla, David cayó en la trampa, y lo único que tuvo que hacer Natán fue pronunciar las fatídicas palabras: «Tú eres ese hombre» (v. 7). Hay que abonarle a David el hecho de que confesó de inmediato con un espíritu arrepentido, algo que era de esperarse de un hombre tan cercano al corazón de Dios.

David incluso pronunció su propia sentencia cuando dijo que el transgresor debía pagar cuatro veces lo que había tomado. Esto se cumplió en sentido literal cuando David perdió cuatro hijos por muerte prematura, entre ellos el bebé sin nombre (v. 18), Amnón (2 Samuel 13:28-29), Absalón (2 Samuel 18:15) y Adonías (1 Reyes 2:25). Sin embargo, como una confirmación a David de que aún no había terminado como rey, Dios le concedió otra gran victoria cuando el ejército israelita derrotó a los amonitas. Pero debido al pecado de David, pronto vería cómo su familia y su reino serían sofocados por la calamidad y el caos.

Preguntas de estudio

  1. ¿Por qué David no ofreció ningún sacrificio ni ninguna otra forma de restitución por sus pecados?
  2. ¿Qué era especialmente doloroso del castigo que debía sufrir David (v. 12)?
  3. ¿Qué esperanza tenía David con respecto al hijo sin nombre que tuvo con Betsabé?
  4. ¿Qué propósito pudo tener la victoria de David sobre los amonitas aparte de aclarar a Israel y a David mismo que Dios no lo había desechado como rey?

Reflexión

Puede parecer irónico que el relato de la confesión y humillación de David termine con el retorno victorioso del rey a Jerusalén, con el botín de guerra. Esto nos sirve como recordatorio de que Dios es misericordioso y también poderoso para llevar a cabo su plan soberano a pesar de la debilidad y las fallas humanas. ¡Servimos a un gran Dios!