Lectura bíblica: Éxodo 14:1-31

Tal vez ningún suceso en la historia de Israel sea más importante que el éxodo de los israelitas de la tierra de Egipto. Ese hecho marcó el nacimiento de Israel como nación. La Biblia nos habla de un líder llamado Moisés, que a pesar de luchar con la idea de dirigir a su pueblo hacia la libertad (Éxodo 4:1-17), al final se dio cuenta de que esa era la voluntad de Dios y el llamado para su vida. Con la promesa de recibir la fortaleza del Señor, Moisés regresó a Egipto, castigó al faraón con diez plagas e instituyó la Pascua (Éxodo 12:1-36) antes de sacar a los israelitas del yugo de la esclavitud y guiarlos a la libertad.

Sin embargo, el pueblo no había ido muy lejos cuando se hallaron frente a la imponente barrera del mar Rojo en la península de Sinaí. Parecía que estaban atrapados entre el mar y el ejército del faraón, pero el Señor también usó este momento crítico para demostrar su poder y fuerza tanto a Israel como a Egipto. Estando Moisés junto a la orilla del mar, levantó su vara, y Dios separó las aguas. De manera sin igual y sin precedentes, Dios demostró que las personas comunes que le obedecen son más poderosas que la nación más grande sobre la Tierra. Moisés fue un instrumento eficaz en las manos de Dios, al abrir el mar y derrotar a un monarca poderoso.

Preguntas de estudio

  1. Según Éxodo 4, ¿por qué a Moisés le resultó tan difícil creer que Dios quería usarlo para guiar a una multitud de esclavos en un éxodo hacia la libertad?
  2. ¿Por qué el Señor guió deliberadamente a los israelitas a un aprieto frente al mar Rojo?
  3. Los rabinos enseñaban que el mar Rojo no se dividió sino hasta que los primeros israelitas entraron en el agua. ¿Qué nos enseña esto acerca de nuestra necesidad de ejercer la fe?
  4. Si tenemos la misma clase de fe que tuvo Moisés, ¿cree que en nuestro mundo podemos alcanzar logros semejantes a los de Moisés?

Reflexión

Si usted lucha con lo que Dios lo ha mandado hacer, no es el único que tiene esa lucha. Moisés cuestionó lo que Dios dijo, se enojó con Él y dudó de sí mismo a cada instante. Sin embargo, obedeció, y esta es la esencia de la verdadera obediencia: que aunque no comprendamos plenamente lo que Dios quiere hacer con nosotros, de todas formas obedecemos. ¿Qué le impide ejercer una fe semejante?