Lectura bíblica: Isaías 40:1-41:29

Muchos comentaristas bíblicos han señalado el abrupto cambio de tono con que empieza Isaías 40:1. En Isaías 4066, la palabra «consuelo» aparece unas trece veces en distintas formas. El profeta miraba hacia el futuro, a la época en la que el exilio de Israel en Babilonia durante 70 años estaba por llegar a su fin. Un breve bosquejo del pasaje restante de Isaías incluye promesas acerca de la restauración de Israel a su tierra (capítulos 4048), profecías del Mesías que viene (capítulos 4957) y las bendiciones que caracterizarían la era mesiánica (capítulos 5866).

A Jerusalén, que aquí representa a Israel, había que hablarle al corazón, porque el tiempo del exilio (debido al pecado de la nación) estaba por llegar a su fin. Él Señor prepararía el camino para cuando su pueblo volviera de Babilonia a la Tierra Santa, un viaje de unos 1400 kilómetros. Aquellos que se cansaran en el trayecto recibirían nuevas fuerzas (40:2931). Las palabras «… del oriente al justo» (41:2) se refieren a Ciro, rey de Persia, quien se levantaría muchos años después de Isaías y se convertiría en el libertador de Israel con su decreto en el 538 a.C. Dicho decreto permitió a los judíos regresar a Jerusalén para reconstruir el templo. Todo esto lo hizo Dios porque Él es el verdadero Dios, a diferencia de los ídolos falsos de las naciones vecinas de Israel.

Preguntas de estudio

  1. ¿Cómo aseguró el Señor a su pueblo por medio de Isaías que todo lo que Él había dicho se cumpliría?
  2. ¿Qué ejemplo usa Dios en Isaías 40:25-26 para recordar a su pueblo que no hay otro dios como su Dios?
  3. ¿Por qué era importante que al pueblo de Israel se le recordara que era descendiente de Jacob y de Abraham, el «amigo» de Dios (41:8)?
  4. ¿Qué acción de Dios a favor de su pueblo sugiere el término «Redentor» (Isaías 41:14)?

Reflexión

Isaías 40:31 contiene una de las promesas más queridas de toda la Biblia: la seguridad de que «los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas» y se levantarán como las águilas sin cansarse ni desfallecer. Ofrezca a Dios una oración de gratitud y alabanza por sus misericordias, que son «nuevas cada mañana» (Lamentaciones 3:23).