Lectura bíblica: Jonás 1:1-10; 2 Reyes 14:25

No fue Jonás la primera persona en la Biblia que huyó de Dios, pero sí bien puede ser el más famoso. La tentativa de Jonás de huir de Dios con el fin de evadir sus deberes es el tema del relato, y ello nos recuerda que también Adán huyó de Dios para no tener que dar cuenta de sus actos y le achacó la culpa a Eva, la cual a su vez inculpó a la serpiente (Génesis 3:8-13). Dios ordenó a Jonás ir a Nínive, la gran ciudad capital del imperio asirio, y pregonar en contra del mal y la violencia de sus habitantes. Jonás tuvo que haberse sentido amedrentado con solo pensar que tenía que confrontar a un pueblo tan poderoso en una ciudad que estaba a 833 kilómetros de su ciudad natal, la cual estaba a pocos kilómetros al norte de Nazaret, en Galilea.

Pero Jonás además estaba renuente a obedecer a Dios porque los asirios eran enemigos de Israel. En el año 722 antes de la Era Cristiana, aproximadamente una generación después del ministerio de Jonás, los asirios destruirían el imperio norte de Israel. Así que Jonás se dirigió a Tarsis, al otro lado del mundo conocido. Sin embargo, la tormenta que Dios mandó fue tan terrible que los marineros clamaron a sus dioses y lanzaron al mar los enseres que había en la nave y echaron suertes para determinar el culpable, práctica esta común en esos tiempos. La culpa cayó en Jonás, y él aceptó ante los aterrorizados marineros que él era la causa de la calamidad que los afligía.

Preguntas de estudio

  1. Este relato empieza con «vino la palabra de Jehová» a Jonás. ¿Cómo esta frase prepara el contexto para el relato?
  2. Según 2 Reyes 14:25, ¿cuál otra profecía hizo Jonás?
  3. ¿Qué esperaba lograr Jonás cuando se alejó de Nínive? (sugerencia: leer Jonás 4:2).
  4. ¿Qué fue lo más aterrorizante de esta tormenta?

Reflexión

La primera pregunta que se hace en la Biblia es «¿dónde estás?» (Génesis 3:9). Por supuesto que Dios sabía dónde estaba Adán, y sabe dónde estamos nosotros. Esta es una pregunta que necesitamos plantearnos a nosotros mismos. ¿En dónde estamos con relación a Dios, a nuestra familia, a nuestro hermano? ¿Estamos haciendo la voluntad de Dios o estamos tratando de esquivar nuestras responsabilidades? Hágase esta pregunta a menudo y examine su vida para ver cómo va.