Lectura bíblica: Jonás 4:5-11; Nahum 1:1-3:19

El relato de Jonás termina con el enojado profeta sentado en el desierto, en espera de ver lo que habría de pasar a la gran ciudad de Nínive. Mientras Jonás aguardaba con la esperanza de que el juicio de Dios cayera y destruyera la ciudad, el Señor se preparó para dar a su mal encarado profeta una lección de compasión utilizando un «medio visual».

Dios hizo crecer una gran enredadera para que diera sombra a Jonás, y esto agradó a Jonás. Pero justo cuando Jonás se deleitaba en la sombra de la enredadera, Dios envió a un gusano para que se comiera la enredadera, y esta se secó y murió, dejando a Jonás totalmente expuesto al sol. Luego mandó Dios un viento abrasador, para asegurarse de que Jonás sintiera la pérdida de la enredadera. El enojo de Jonás se inflamó otra vez.

Así que estaba preparado el escenario para la última lección. La enredadera mostraba la verdad de la naturaleza misericordiosa de Dios, pues Jonás sacó provecho de esta planta que Dios amablemente proveyó. Fue entonces cuando Dios dio su mensaje: si tanto le importaba a Jonás la pérdida de una simple enredadera, ¿no se va a preocupar Dios aún más por una ciudad llena de seres humanos? Jonás era «el rabino que no se preocupaba de los demás». Pero como hemos visto, Dios tiene compasión de todos los pueblos, no solo de los judíos.

Preguntas de estudio

  1. En qué se parece el comportamiento de Jonás al de un niño berrinchudo?
  2. ¿Por qué se enojó tanto Jonás cuando la enredadera se marchitó y murió?
  3. ¿Cuál es el mensaje que Dios le dio a Jonás por medio de la enredadera y el gusano?
  4. ¿Cómo es que el final de este relato muestra el amor y la compasión de Dios?

Reflexión

Fácilmente olvidamos que Dios es un Dios de amor. Como humanos que somos, a menudo queremos ver que el juicio se dé en el momento, en especial cuando sentimos que somos las víctimas. Pero debemos ceder nuestros deseos a la sabiduría y la justicia de Dios, teniendo especial cuidado de recordar que a menudo estamos necesitados de su perdón y de su compasión cuando caemos en el error.