Lectura bíblica: Malaquías 3:1-6

En franco contraste con la acusación de Israel de que la prosperidad del malvado significaba que Dios obraba injustamente, dijo el Señor que Él vendría en forma de fuego purificador a castigar a los infieles de Israel. En última instancia, el mensaje en este segmento es de esperanza, pues Dios dice: «… hijos de Jacob, no habéis sido consumidos» (Versículo 6). Pero para llegar a ese punto, la nación tendría que pasar por el fuego purificador del juicio de Dios. Esto parece ser una referencia a la futura venida del Mesías, el cual merece el título de «mensajero del pacto» y tiene la tarea de hacer volver a Israel a los caminos de Dios y de deshacerse de los malvados en Israel. Lejos de ser un Dios que premia el mal y se hace de la vista gorda ante la justicia, estos versículos ponen muy en claro que Dios juzgará a su pueblo con las más puras y sagradas reglas.

Aunque esta parte del mensaje de Malaquías culmina con la promesa de que habrá un remanente justo que sobrevivirá, estas palabras de seguro no auguraron nada bueno para los sacerdotes y para los demás en Israel que quebrantaban el pacto y eran infieles a Dios. El Señor había dicho que sería presto en juzgar a los que no le temían. Otros profetas dicen que la venida del Mesías será tiempo de juicio en el mundo entero, pero aquí el énfasis está puesto en Israel. Un resultado de esta purificación va a ser que los sacrificios de Israel serán de nuevo ofrecidos en justicia, y de esa forma aceptados por Dios. Él no ha cambiado, ni en su persona ni en sus promesas, razón por la cual Israel puede estar contento, por cuanto esto significa que las promesas del antiguo pacto aún tienen vigor.

Preguntas de estudio

  1. ¿Por qué buscaba Israel la venida del mensajero de Dios?
  2. ¿Qué se logra con el fuego purificador?
  3. ¿Por qué era tan importante refinar y purificar a los levitas en particular?
  4. ¿Por qué algunos grupos, como los listados en el versículo 5, serían especialmente detestables para el Señor?

Reflexión

A veces necesitamos lo mismo que los israelitas en el tiempo de Malaquías: purificación y refinamiento. Recordemos la importancia de nuestro compromiso diario de verdaderamente seguir al Señor y dejar que Él purifique nuestros motivos, pensamientos, actitudes y acciones.