Lectura bíblica: Malaquías 3:7-15

A partir de la futura promesa de la restauración de Israel, entró Dios otra vez en juicio con su pueblo. Malaquías utiliza su propio estilo de pregunta y respuesta en esta sección con fuerza devastadora, al acusar Dios al pueblo de robarle lo que Él merecía en términos de diezmos y ofrendas. Esto no quiere decir que el pueblo estaba robando dinero del tesoro del templo, sino que cometía la ofensa igualmente grave de dejarse lo que pertenecía a Dios. La pregunta «¿robará el hombre a Dios?» es tan alarmante que el pueblo respondió con incredulidad, supieran o no la respuesta. La explicación vino de manera muy clara: los israelitas eran culpables de no traer al templo los diezmos y las ofrendas prescritos en la ley de Moisés.

El pueblo debió haber sospechado que algo andaba mal porque las pestes devoraban sus cosechas. Los sabios judíos identificaron estas pestes como las langostas devoradoras, las cuales dejaban tras sí los campos vacíos. Pero en vez de cuestionarse a sí mismos por el origen de esas dificultades por las que pasaban, se dedicaban a señalar y a culpar a Dios acusándolo de no honrar sus promesas. Así, volvían a formular los cargos que habían hecho al final del capítulo 2, de que Dios actuaba en forma negligente en el mejor de los casos, o injusto en el peor. Pero estas «expresiones duras» en contra de Dios nada hicieron para exonerar al pueblo o reparar el daño que se hacían a sí mismos con sus prácticas infieles. Sin embargo, Dios les recuerda que si le son fieles, verán tal desbordamiento de bendición que nadie podrá contenerla.

Preguntas de estudio

  1. Según el versículo 7, ¿quién se había separado en términos de la relación rota entre Dios y el pueblo de Israel?
  2. ¿En qué manera le robaba el pueblo a Dios?
  3. ¿Por qué dice Dios «probadme ahora en esto» en el versículo 10?
  4. ¿Por qué el pueblo de Judá consideraba inútil servir a Dios?

Reflexión

Muchas veces no entendemos los caminos de Dios. Pero lo que realmente todos necesitamos saber es que Dios nos será fiel si nosotros le somos fieles. Examinémonos a nosotros mismos para ver si estamos «robándole a Dios» porque no le damos una fracción de lo que nos ha dado como bendición. El camino a la verdadera bendición nunca ha cambiado.