Lectura bíblica: Malaquías 3:16-18

Estos versículos siguen a la profecía de Malaquías contra los que roban a Dios y son malditos por eso. En este breve pasaje vemos una clara distinción a los ojos de Dios entre el justo y el malvado. A través de la profecía de Malaquías, especialmente en el capítulo 3, el pueblo de Israel, que decía seguir al Dios verdadero, parecía confundido en cuanto al discernimiento entre lo que era bueno y lo que era malo porque veían que el malo prosperaba y que en apariencia se escapaba del juicio de Dios. Ya sea por esta confusión o por su decisión de seguir en sus propios caminos, la nación llegó a la conclusión de que no valía la pena servir a Dios, tal vez como justificación por el abandono que había hecho el pueblo de la obligación de obedecer la ley de Dios.

Malaquías animaba e instaba a los que en Israel realmente temían al Señor. Las palabras que se decían unos a otros para exhortarse a seguir firmes en la fidelidad del pacto fueron oídas y grabadas por Dios. Esta imagen de Dios grabando cada palabra y acto de obediencia tuvo que haber sido un gran aliciente para los israelitas fieles para seguir caminando en justicia delante de Él. De nuevo, este pasaje era la respuesta del profeta y de Dios para todo el que se atrevía a pensar que Dios era injusto al no juzgar al malvado o descuidado al no premiar la obediencia. A Israel le urgía que alguien le hiciera ver la diferencia entre el bien y el mal, y el libro de Malaquías se presentaba con gran fuerza y claridad como esa «llamada de alarma».

Preguntas de estudio

  1. ¿Por qué se escribió un memorial de los que temen al Señor?
  2. Por qué sería el versículo 17 un aliciente para los que tenían luchas, pero aún así seguían a Dios?
  3. ¿Cuál es la diferencia entre los dos grupos, según el versículo 18?

Reflexión

Nosotros podemos también descansar en el hecho de que Dios conoce a los suyos y de que un día nos va a reclamar como sus hijos. Así que podemos estar en verdadera paz hoy y todos los días porque sabemos que somos su especial tesoro y que Él sabe nuestros nombres.