Lectura bíblica: Zacarías 3:1-6:8

En esta lección estudiaremos otras cinco de las ocho asombrosas visiones nocturnas que tuvo Zacarías acerca del futuro de Israel y de las naciones gentiles. Los dos destinos no podrían ser más distintos: bajo el reinado del Mesías, Israel será restaurado gloriosamente a su condición de sacerdote de Dios, y las naciones que rechazaron a Dios y afligieron a Israel serán derrotadas. La purificación del sumo sacerdote Josué representa la purificación de Israel. La acusación contra Josué guarda semejanza con Job capítulos 1 y 2, en los cuales al patriarca se le acusa ante Dios, pero es absuelto.

Así como Josué fue purificado en la cuarta visión nocturna de Zacarías, en el capítulo 4 al gobernante de la nación, Zorobabel, se le anima a terminar el templo en Jerusalén. Esto se lograría por el poder del Espíritu de Dios, y el toque final del templo sería motivo de gran regocijo. Israel estaría preparado al fin para retomar su función sacerdotal y de adoración ante el Señor. Las visiones del capítulo 5 describen el juicio sobre aquellos en Israel que infringen la ley de Dios, y la mujer en el efa representa al parecer la eliminación del pecado de la nación entera. La visión de Zacarías de los poderosos carruajes del Señor que recorren la Tierra dando la retribución divina muestra de nuevo las naciones que caen bajo el juicio de Dios.

Preguntas de estudio

  1. ¿Qué pidió el Señor a Josué en calidad de sumo sacerdote (3:7)?
  2. ¿Por qué era tan importante que Zorobabel organizara al pueblo para que terminara la reconstrucción del templo de Dios?
  3. ¿Qué importancia tenía el «rollo volador» de Zacarías 5:1?
  4. ¿Por qué sobresale la «tierra del norte» en la visión de 6:1-8?

Reflexión

Las convincentes palabras «No con ejército, ni con fuerza, sino con mi espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos» (Zacarías 4:6) nos instan hoy en día a confiar en el poder de Dios como nuestra defensa suprema. Aunque Dios espera que la humanidad actúe y acepte la responsabilidad como colaborador suyo, a fin de cuentas, la victoria está en manos de nuestro gran Dios.