Lectura bíblica: Jueces 4:1-10

Tal vez alrededor de 300 años después de Jocabed y María, Israel entró en una era muy oscura de la historia de la nación: el período de los jueces. El pueblo de Israel abandonó al Señor y quedó sometido al poderío extranjero. El pueblo clamaba a Dios, y Él les enviaba libertadores. Este ciclo se repitió siete veces en el libro de Jueces y, en una ocasión, Dios levantó a una extraordinaria mujer llamada Débora para que guiara a Israel. Ella fue sin duda una gobernante capaz en quien el pueblo de Israel depositó mucha confianza.

Por su parte, Barac fue un líder militar cuya reacción al encargo que le hizo Débora dejó en evidencia que la tenían en muy alta estima. Barac debió mostrarse dispuesto a pelear contra los enemigos de Israel sin ella, puesto que Dios le había dicho a él, por medio de Débora (también «profetisa» como María), que entregaría al enemigo en sus manos. Aunque Débora aceptó ir con Barac, le advirtió que no recibiría la gloria como hubiera sucedido en caso de haber dirigido él mismo la batalla.

Preguntas de estudio

  1. Siglos antes Dios había libertado a los israelitas de la esclavitud en Egipto. ¿Cómo contrastaba la situación del pueblo en Jueces 4 con la libertad de la que gozaron antes?
  2. ¿Qué evidencia presenta el autor de Jueces de que el ejército cananeo comandado por Sísara era una fuerza militar poderosa en extremo?
  3. ¿Por qué piensa que Barac rehusó ir a la batalla a menos que Débora lo acompañara?
  4. Puesto que Dios fue quien le ordenó a Barac dirigir la batalla (v. 6), ¿por qué Barac rehusó seguir esa orden si Deborah no lo acompañaba?

Reflexión

Después de María, Débora fue la segunda mujer en la Biblia en ser llamada profetisa (ver el estudio anterior) y la única mujer que fue juez de Israel. En ambas funciones ella representó al pueblo ante Dios y fue representante de Dios ante el pueblo.

Débora fue honrada de manera muy merecida por cumplir bien esas dos funciones. De la misma manera, nosotros debemos honrar a nuestros líderes espirituales que son fieles a su llamado divino.