Lectura bíblica: 1 Samuel 1:1-18

La vida de Samuel, el profeta de Israel, sirvió de puente entre el período de los jueces a la transición de Israel como monarquía. Samuel ministró como líder y juez en Israel y también ungió a Saúl y a David, los dos primeros reyes de la nación. En el centro de la historia de la concepción y el nacimiento de Samuel está Ana, la esposa estéril de Elcana, que vivía en Ramataim (más conocida como Ramá), a unos 24 kilómetros al norte de Jerusalén.

La esterilidad de Ana no hizo que el amor de su esposo menguara. Aún así, ella anhelaba tener un hijo, dado que en el antiguo Israel la esterilidad era considerada una maldición. Cuando Elcana y Ana fueron a adorar al Señor en el tabernáculo en Silo, a unos 24 kilómetros al norte de Ramá, ella oró con tal intensidad que el sumo sacerdote Elí pensó que estaba ebria y la reprendió. Pero al oír la petición de Ana, Elí le aseguró que su oración sería contestada.

Preguntas de estudio

  1. Era costumbre en esa época que un hombre tomara una segunda esposa, en especial si la primera era estéril. ¿Cómo se compara esta práctica con el plan de Dios para el matrimonio (Génesis 2:24)?
  2. Ana prometió a Dios que el hijo que ella tuviera sería nazareo de por vida. Si esta no era una exigencia de la ley de Moisés (Números 6:1-8), ¿por qué cree que Ana hizo un voto semejante?
  3. Ana oró con profunda angustia por un hijo. ¿Qué circunstancia en su propio hogar agravaba su sufrimiento de no poder tener un hijo (v. 6)?
  4. La Biblia dice en Génesis 15:6 que Abraham «creyó a Jehová». ¿Cómo podemos afirmar lo mismo respecto a Ana en términos de su petición?

Reflexión

A veces recurrimos a la oración como último recurso, después de haber probado toda clase de cosas para satisfacer nuestras necesidades o recibir ayuda en una situación difícil.

Sin embargo, el ejemplo de Ana nos recuerda que en la oración se encuentra la verdadera fortaleza de la vida de fe. Dedique sin falta tiempo diario a la oración.