Lectura bíblica: Ester 6:1-7:10

Una noche de insomnio del rey Asuero fue el punto decisivo en la historia acerca de Ester. El rey ordenó que sus siervos leyeran sus memorias reales, y allí descubrió que Mardoqueo nunca había sido recompensado por poner al descubierto el complot para asesinarlo. Asuero estaba resuelto a valerse de cualquier oficial de la corte que estuviera disponible para honrar a Mardoqueo. Por la providencia de Dios, resultó ser Amán, quien venía a pedir permiso para colgar a Mardoqueo.

Cuando el rey preguntó a Amán cómo se debía honrar a un hombre que lo merecía, Amán, por su arrogancia, dio por hecho que él sería el objeto del homenaje y describió una ceremonia fastuosa para honrar al hombre que el rey tenía en mente. Aunque Amán tuvo que hacerlo con Mardoqueo, la vergüenza que sintió debido a esta humillación no fue nada comparada con la fatalidad que le esperaba. El segundo día del banquete de Ester, el enemigo de los judíos enfrentó su fatal destino cuando Asuero exigió saber quién quería causarle daño a ella y a su pueblo. Amán rogó para salvar su vida, pero esto solo encendió más la ira del rey.

A Amán lo sacaron para ejecutarlo en la horca que había hecho para Mardoqueo: un claro recordatorio de la promesa de Dios de maldecir a aquellos que maldicen al pueblo de Abraham (Génesis 12:3).

Preguntas de estudio

  1. Amán mismo se metió en problemas al dejar que su ira lo controlara. ¿Qué lecciones podemos aprender de su mal ejemplo?
  2. ¿Por qué cree que Dios dispuso que Mardoqueo fuera honrado públicamente por su peor enemigo en Susa, la capital persa?
  3. Cuando Amán volvió corriendo a casa después de su experiencia humillante y le contó a su esposa lo sucedido, ¿qué hecho le hizo entender a ella que su esposo estaba condenado?
  4. Hasta donde sabemos, esa fue la primera vez que Asuero se dio cuenta de que Ester era judía. ¿De qué manera cambió su actitud pasada hacia los judíos el hecho de saberlo (vea 3:10-11)?

Reflexión

La Biblia dice: «Alábete el extraño, y no tu propia boca» (Proverbios 27:2). Este principio queda especialmente ilustrado en la vida de Amán.

Tal vez usted considere que merece elogios o un aumento de salario por un trabajo bien hecho. No obstante, lo más sabio que podría hacer es dejar que Dios le conceda ese reconocimiento en su tiempo y a su manera.