Leer: Génesis 25:19-34

La paz y la tranquilidad en la casa de Isaac y Rebeca se perdieron con el nacimiento de sus pendencieros gemelos Esaú y Jacob, quienes comenzaron la pelea aun antes de nacer. Como ya había pasado con Sara, Rebeca tampoco había podido tener hijos. Pero Isaac oró por su esposa y Dios le respondió dándoles los hijos.

Como Isaac y Rebeca eran parte del linaje por medio del cual se cumplirían las promesas que Dios había hecho a Abraham, no es sorprenderse que el nacimiento de sus hijos tuviera un significado que iba mucho más allá del ámbito familiar. Dios invirtió el orden natural de primacía al revelar que la nación que saldría de Jacob, el hijo menor, sería más poderosa que la de Esaú. Los edomitas, descendientes de Esaú, serían más tarde los enemigos de siempre, y los más enconados, de Israel.

Preguntas de estudio

  1. A menudo los nombres de las personas en los tiempos bíblicos se escogían para reflejar la naturaleza de una persona. ¿De qué manera el nombre de Jacob, que significa «estafador», revela su personalidad?
  2. Isaac oró pidiéndole al Señor que remediara la esterilidad de Rebeca. ¿Cómo contrasta este hecho con la respuesta inicial que dieron Abraham y Sara a la esterilidad de esta? (ver Génesis 16:1-4).
  3. Isaac y Rebeca cayeron en la vieja trampa de los padres ya viejos de darle preferencia a uno de los hijos (versículo 28). ¿En qué forma ese favoritismo probablemente avivó las flamas del conflicto entre sus dos hijos, y más tarde entre las naciones?
  4. El hecho de que los descendientes de Esaú, los edomitas, fueran abiertamente hostiles a los descendientes de Jacob, los israelitas, es un hecho trágico de la historia. ¿Qué lecciones podemos aprender de este conflicto que puedan ayudarnos en nuestras propias familias?

Algo en que pensar

Dios hizo a Esaú y a Jacob diferentes en todos los aspectos. El que sus diferencias se convirtieran en una fuente de conflicto no niega el hecho de que Dios nos hace a cada uno de nosotros con talentos, deseos y emociones propios. Dele gracias a Dios ahora por la forma en que lo hizo a usted.

Favorecer a unos en perjuicio de los otros es un juego peligroso ya sea en la familia, en la oficina o con nuestras amistades. Procure tratar a todos en la vida con el mismo amor y respeto.