Leer: Génesis 26:34-35 y Génesis 27:1-29

La lección de hoy tiene que ver con uno de los relatos más conocidos de la Biblia: cómo Jacob engañó a Isaac para recibir la bendición que debió haber sido para Esaú, quien era el primogénito. Esta bendición era la gran primogenitura espiritual que Rebeca quería para Jacob, su hijo predilecto. Jacob también comprendió la importancia de la bendición de su padre y la quiso con tanto ardor que hasta mintió para lograrla.

El plan de Rebeca era atrevido, se sentía segura de que daría resultado, dadas la avanzada edad de Isaac y la mala condición de su vista. Jacob no estaba tan confiado en la confabulación como sí lo estaba su madre, pero como hijo obediente, siguió sus instrucciones al pie de la letra. Aun cuando Isaac en tres ocasiones manifestó sus dudas acerca de la identidad del hijo que tenía en su presencia, al final lo convencieron de que era Esaú, y entonces dio su bendición, la cual ya no se podría anular ni repetir luego para Esaú.

Preguntas de estudio

  1. ¿Cuál hecho de la familia de Isaac conocimos antes en Génesis 25:27-28 que nos ayuda a explicar la treta que Rebeca y Jacob le hicieron a Isaac?
  2. También aprendimos en una lección anterior (Génesis 25:29-34) que a Esaú le importaban bien poco los asuntos espirituales. ¿Cómo expresó él su indiferencia en Génesis 26:34-35?
  3. Jacob dijo a su padre, Isaac, al menos dos mentiras específicas mientras estuvieron juntos (Génesis 27:18-29). Identifíquelas y anótelas.
  4. ¿Cómo fue que la bendición de Isaac a Jacob reveló que Jacob, y no Esaú, era el destinatario de la promesa de Abraham? (sugerencia: ver el final del versículo 29 y Génesis 12:3).

Algo en que pensar

Es lamentable que Isaac se dejara dominar por su afición a comer los animales que cazaba Esaú. Dios nos ha dado los apetitos físicos, pero no podemos permitir que estos nos influencien indebidamente en nuestras decisiones espirituales.

Es verdadero el viejo refrán que reza: «¡Qué enmarañada red tejemos cuando por vez primera practicamos el engaño!». Usualmente se necesita más de una mentira para llevar a cabo un plan torcido, y los que se enredan en esas artimañas a menudo tienen que recurrir a más engaños de los que habían imaginado.