Leer: Génesis 29:1-30

El viaje de Jacob a la tierra donde vivía la familia de su madre resultó tan exitoso como el que hizo muchos años atrás Eliezer, siervo de Abraham (Génesis 24). Eliezer había salido en busca de novia para Isaac, el padre de Jacob. En esta ocasión, era Jacob quien necesitaba casarse con una mujer de su propio pueblo. Ambos  hombres recibieron la orden estricta de encontrar la novia adecuada, porque estaba en juego la continuación de la herencia del pacto y la bendición de Abraham.

Jacob se enteró por los pastores con quienes se encontró que Raquel era hija de su tío Labán, y por ende reunía los requisitos para ser su esposa. Esas eran buenas noticias para Jacob, quien se enamoró perdidamente de Raquel tan pronto la vio. Sin embargo, este engañador también fue engañado, porque Labán estaba resuelto a lograr que Lea, su hija mayor y hermana de Raquel, se casara primero. Jacob probó de su propia medicina, y no le gustó.

Preguntas de estudio

  1. ¿Fue pura coincidencia que Jacob se detuviera en el mismo pozo que Raquel acostumbraba visitar, tal como sucedió a Eliezer con Rebeca (Génesis 24:15), o había algo más detrás de eso?
  2. ¿Por qué cree usted que Jacob no pidió la anulación de su matrimonio involuntario con Lea?
  3. Diga si está o no está de acuerdo con esta declaración: Muchas veces Dios se vale de personas muy parecidas a nosotros para enseñarnos lecciones muy necesarias.
  4. El amor de Jacob por Raquel hizo que sus años de servicio para casarse con ella parecieran como nada. ¿Qué sentía él por Lea?

Algo en que pensar

Lo que nos puede parecer simples coincidencias o «buena suerte», muchas veces son señales de la amorosa mano guiadora de Dios en nuestra vida.

Los muchos engaños en la vida de Jacob que hemos visto hasta aquí nos enseñan cuán importante es que seamos honrados y francos. Procuremos vivir de tal manera que seamos ejemplo de honradez y rectitud de carácter.