Leer: Génesis 35:1-20

Muchos años y muchas experiencias increíbles habían pasado para cuando Jacob regresó a Betel («casa de Dios») con su numerosa familia y sus posesiones. Fue en Betel que Dios se apareció primero a Jacob cuando huía de Esaú. De hecho, fue Jacob quien le dio a Betel ese nombre después de su primer encuentro con Dios (Génesis 28:19). En ese primer encuentro, Dios también reiteró a Jacob las promesas de una gran descendencia y la tierra de Israel que había prometido primero Abraham.

Y ahora que Jacob volvía a la tierra después de vivir lejos tantos años, Dios quería renovar su pacto. Pero antes de encontrarse con el Dios de Israel, Jacob tenía primero que hacer una limpieza en su propia familia, para deshacerse de dioses extraños y de todo lo que estuviera relacionado con estos. Ya antes Jacob había recibido su nuevo nombre: Israel (Génesis 32:28). Dios confirmó este nuevo nombre y pronunció otra vez su bendición sobre Jacob. Luego, el patriarca tendría que enfrentar la muerte de su amada Raquel cuando esta daba a luz al duodécimo y último hijo de Jacob: Benjamin.

Preguntas de estudio

  1. ¿Por qué Jacob mandó a su familia lavarse y cambiar sus ropas antes de encontrarse con Dios en Betel?
  2. ¿Por qué empezó Dios sus promesas a Jacob presentándose como el  «Dios omnipotente» (v. 11)?
  3. Dios prometió a Jacob: «La tierra que he dado a Abraham y a Isaac, la daré a ti, y a tu descendencia después de ti» (v. 12). ¿Quiénes son los actuales descendientes de los doce hijos de Jacob? ¿Aún les pertenece, legalmente, la tierra prometida?
  4. Jacob levantó un altar de piedra en el lugar donde se encontró con Dios y allí derramó ofrendas como había hecho antes (Génesis 28:18). ¿Por qué era importante para Jacob hacer esto?
  5. Explique por qué Benjamin significó tanto para Jacob que este no soportaba la idea de dejarlo ir con sus hermanos a Egipto (Génesis 43:6).

Algo en que pensar

Así como Jacob y su familia no entraban en la presencia de Dios sin prepararse antes y tener la actitud correcta, nosotros también debemos presentarnos con reverencia ante nuestro Dios en adoración.

Puede serle útil leer un salmo de alabanza (como los Salmos 134-136) o uno de confesión (como el Salmo 51) antes de que empiece el culto en el lugar donde se reúnen para alabar a Dios.