Lectura bíblica: El centro de adoración de Israel. 2 Samuel 6:1-23

Después de que David estableció a Jerusalén como la capital política de su reino, se dio cuenta de que también necesitaba hacer de la ciudad el centro de adoración de Israel. No fue por accidente que el rey escogió a Jerusalén como su capital. Estaba en una zona neutral entre Israel y Judá, lo cual serviría para unir a la nación. Las tribus de Israel tendían a estar divididas por la geografía y por disputas diversas aun antes de la división oficial del reino en la época de Salomón, y David entendió que un lugar principal de adoración era crucial para un reino verdaderamente unido. Este capítulo describe una época de gran regocijo en Jerusalén: la llegada del arca de Dios, el símbolo y el punto central de adoración en Israel. Hubo momentos de tristeza, cuando un hombre llamado Uza murió durante el transporte del arca a Jerusalén, y de amargura, cuando Mical, la esposa de David, confundió la exhuberancia gozosa de este con un desvergonzado exhibicionismo. Pero nada pudo empañar la alegre celebración que brotó al llegar el arca sagrada de Dios a la ciudad santa.

Preguntas de estudio

  1. ¿En qué forma el arca del testimonio representó la presencia de Dios entre su pueblo? (sugerencia: leer Éxodo 25:22).
  2. Sobre el arca «era invocado el nombre de Jehová de los ejércitos» (versículo 2). Según Levítico 24:16, ¿cuán grandemente reverenciado debe ser el nombre de Dios?
  3. ¿En qué forma David preparó un hogar para el arca para cuando esta llegara a Jerusalén?
  4. David no estaba consciente de la alegría que expresaba al adorar al Señor. ¿Cómo es que la verdadera adoración nos ayuda a dejar de preocuparnos tanto por nosotros mismos?

Reflexión

Le costó caro a David entender que a Dios mucho le importa la manera como se tratan las cosas sagradas. Para nosotros esto incluye, ciertamente, la forma en que usamos el santo nombre de Dios y la forma en que tratamos a las personas, las cuales han sido creadas a su imagen.

La Biblia nos manda: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Levítico 19:18). ¿Cuán alto está hoy su «cociente de amor» hacia los demás?