Lectura bíblica: El sacrificio de Isaac – Parte 2. Génesis. 22:1-11

Mucho tiempo después, al monte Moriah se le dio el nombre de «monte del templo», nombre que aún se usa para designar a este sitio sagrado en Jerusalén en donde Abraham ofreció a Isaac y en donde estuvieron el primer templo y el segundo templo. En el momento en que Abraham se preparaba para matar a su hijo Isaac en sacrificio al Señor, un ángel lo detuvo y le mostró un carnero para el sacrificio.

Después de haber ofrecido el carnero al Señor, Abraham recibió la promesa una vez más de que su descendencia sería numerosa, de que un día habitarían en las ciudades de sus enemigos y que serían prósperos. Todo esto fue dado a Abraham por su fidelidad y obediencia aun en las más situaciones más difíciles. Abraham nada negó al Señor, ni siquiera su hijo, que era el cumplimiento de la promesa de Dios después de una espera de veinticinco años.

Es fácil darse cuenta de por qué el monte Moriah se considera sagrado. Los judíos ortodoxos y los ultraortodoxos no pondrán pie en este monte hasta que no haya sido santificado por medio de los sacrificios que se ofrecerán en el tercer templo, el cual muchos creen que construirá el Mesías en su venida.

Preguntas de estudio

  1. Dios prometió a Abraham, diciendo: «En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra» (versículo 18). ¿Por qué repitió Dios esta parte de su promesa original a Abraham en Génesis 12:3?
  2. ¿Cree que usted será recompensado espiritualmente si confía en Dios y le obedece, como lo hizo Abraham?
  3. ¿Qué cree usted que contó Abraham a sus siervos y a su familia acerca de la experiencia increíble en el monte Moriah?
  4. Si Dios pidió a Abraham que le diera hasta su amado hijo Isaac ¿qué cree usted que Dios quiere de nosotros hoy?

Reflexión

A Abraham se le dijo que sus descendientes serían más numerosos que las estrellas del Cielo. Tal vez el Señor tiene una bendición igualmente maravillosa esperándole si usted también es fiel tanto en las cosas pequeñas como en las cosas grandes de la vida. Dios siempre es fiel en recompensar la confianza sincera en Él, sea esta grande o pequeña.