Lectura bíblica: Rut 1:11-22

Una plañidera escena de las tres viudas abrazándose y diciéndose sus adioses difícilmente parece el comienzo de una gran historia de amor. Pero en el caso de Rut, sí: eso fue exactamente. Noemí iba de regreso a Belén con Orfa y Rut (1:6-7) cuando pidió a sus nueras que la dejaran partir sola y que ellas volvieran a sus familias en Moab. Noemí les hizo ver el futuro sombrío que creía que le esperaba a ella en Belén, y que quería algo mejor para sus nueras.

Orfa se quedó en Moab, pero Rut insistió en acompañar a Noemí hasta Belén y dijo: «Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios, mi Dios» (versículo 16). Así Rut alineó su vida y su destino con Israel, en forma muy similar a como lo hicieron los «gentiles justos» como  Oskar Schindler y Corrie ten Boom, quienes salvaron a muchos judíos durante el holocausto. Noemí sintió que Dios le había hecho la vida difícil, y cuando regresó a Belén dijo a las mujeres que la llamaran «Mara», esto es, «amarga». Pero una vez de regreso en la tierra prometida, Noemí y Rut empezaron a ver que la mano amorosa de Dios cambiaba la desesperanza por la esperanza.

Preguntas de estudio

  1. ¿Por qué sentía Noemí que era importante que Orfa y Rut entendieran que ella estaba demasiado vieja para pensar en casarse otra vez?
  2. Rut comprendía muy bien, humanamente hablando, que solo pesares le esperaban si se iba a Belén con Noemí. ¿Entonces por qué estaba Rut tan decidida a irse con Noemí?
  3. ¿Por qué manifestaron las mujeres de Belén tanta sorpresa y tanto asombro la primera vez que vieron a Noemí después de su regreso?
  4. La vida de Rut está plena de aparentes coincidencias que revelan la obra de la mano de Dios. ¿Por qué destaca la Biblia que Rut y Noemí llegaron a Belén justo a tiempo para la siega de la cebada?

Reflexión

Noemí creía imposible que Rut tuviera un futuro promisorio en Belén. Pero Rut ya había manifestado su lealtad al Dios de Israel, del cual había dicho Jeremías: «¡Ah, Señor Jehová!… Nada hay que sea difícil para ti». (Jeremías 32:17).

Cambiar la desesperación por la esperanza no fue tan difícil para Dios en las vidas de Noemí y de Rut, y Él puede hacer lo mismo por usted hoy.