Lectura bíblica: Génesis 35:21-26; 37:1-30; 38:1-30; 49:3-4, 8-12

En esta lección nos adentramos en la compleja y a veces vergonzosa historia de los doce hijos de Jacob. Es interesante comparar el rápido nacimiento de los cuatro primeros hijos de Lea con los veinticinco largos años que tuvo que esperar Abraham para que naciera Isaac. Isaac, por su parte, sólo tuvo a Esaú y a Jacob. Sin embargo, con la familia de Jacob empezamos a ver la multiplicación de los descendientes de Abraham según Dios se lo había prometido (Génesis 12:2; 15:4–5).

Hemos empezado con Judá y con Rubén porque estos dos sobresalen dentro del primer grupo de hijos. Rubén, el primogénito, debió ser el líder. No obstante, para los propósitos de Dios, Él había establecido este principio en la familia de Abraham: «el mayor servirá al menor» (Génesis 25:23), de modo que Judá y su tribu adquirieron importancia. Rubén perdió sus derechos porque durmió con Bilha, una de las esposas de su padre. En cuanto a Judá, su falta de rectitud repercutió en la vida de sus malvados hijos y en el hecho vergonzoso que cometió con su nuera Tamar. Las profecías que pronunció Jacob en el lecho de muerte respecto a Rubén y a Judá mencionan no solo el carácter de estos, sino también la asombrosa promesa a Judá de que el Mesías vendría de su linaje, lo cual era un presagio de la monarquía que más tarde tendría su sede en la tierra de Judá.

Preguntas de estudio

  1. Lo que hizo Rubén pudo haber sido una manera insensata de autoproclamarse el heredero de Jacob. ¿De qué modo lo que hizo Rubén pudo significar una declaración como el nuevo líder de la familia?
  2. ¿Por qué el Señor quitó la vida a los dos primeros hijos de Judá, Er y Onán?
  3. ¿Qué significa la profecía de Jacob cuando dijo que el cetro de Judá no será quitado «hasta que llegue Siloh» (o «hasta que llegue el verdadero rey») (Génesis 49:10)?
  4. ¿Cómo se cumplió en Judá la bendición de Jacob que dice «te alabarán tus hermanos» (Génesis 49:8)?

Reflexión

Aunque Judá y su familia cometieron graves errores, Dios por su gracia quiso elevar a la tribu de Judá a un lugar de preeminencia. Quizá una razón sea que, a diferencia de Rubén, Judá manifestó arrepentimiento por su pecado. Esto puede servirnos de aliento, porque todos erramos. Dios puede restaurar y usar a cualquiera que se vuelva a Él y se arrepienta.