Lectura bíblica: Génesis 49:3-4; Números 16:1-33; Jueces 5:15-16

En muchos sentidos las tribus de Israel que descendieron de los hijos de Jacob, o Israel, heredaron el carácter de su fundador. Un buen ejemplo de ello es la tribu de Rubén, el primogénito de Jacob. A los descendientes de Rubén debió haberles tocado una doble porción de la tierra de Israel cuando Josué la repartió, pero esa bendición fue dada a los hijos de José, debido al pecado de Rubén (Génesis 35:22). Tal vez algún resentimiento que guardaron por haber sido excluidos del liderazgo de las tribus fue lo que motivó a varios descendientes de Rubén a rebelarse contra Moisés y Aarón, lo cual resultó catastrófico para estos hombres y sus familias, porque a todos les costó la vida.

La Biblia dice de los hijos de Rubén: «… hombres que llevaban escudo y espada… y diestros en la guerra…» (1 Crónicas 5:18); sin embargo, en la época de los jueces fue una de las tribus que rehusó unirse a Débora y a Barac en la batalla contra los enemigos de la nación. Debido a su ubicación en el lado oriental del río Jordán, los de la tribu de Rubén estaban aislados de las otras tribus, y eso los hizo más propensos a caer en el pecado y la idolatría. Cuando la nación quedó dividida tras la muerte del rey Salomón, la tribu de Rubén se integró al reino del norte, el cual fue conquistado por los asirios en el año 722 a.C.

Preguntas de estudio

  1. ¿Cómo evidenció el pecado de Rubén que no este era apto para ejercer el liderazgo entre las tribus de Israel?
  2. ¿Por qué la tribu de Rubén estaría insatisfecha con su posición entre las tribus?
  3. ¿De qué manera el aislamiento hizo que la tribu de Rubén fuera más propensa a caer en pecado y a adorar ídolos?
  4. ¿Cuán precisa fue la profecía de Jacob acerca de Rubén y sus descendientes (Génesis 49:3-4)?

Reflexión

No existe ninguna persona perfecta ni ningún grupo humano perfecto. Todos tenemos en nuestro interior la inclinación para el bien y para el mal, y al igual que los de la tribu de Rubén, debemos escoger cuál camino tomar. El desafío que enfrentamos cada día es elegir el buen camino y honrar a Dios, aunque sean muy pocos los que nos inspiren e insten a tomar esa decisión.