Lectura bíblica: Génesis 49:57; Éxodo 32:1-29; Números 3:5-13; Jueces 1:13, 17

Por cuenta de la violencia con que masacraron a los habitantes de Siquem (Génesis 34:1–31), Simeón, Leví y sus tribus fueron dispersados por todo el territorio, tal como había predicho su padre Jacob. La Biblia muestra que la dispersión de cada una estas dos tribus sucedió de forma singular.

La tribu de Simeón era una tribu pequeña que poco se menciona en la Biblia. Aunque accedieron a acompañar a sus hermanos de Judá para pelear contra los cananeos, los descendientes de Simeón fueron, prácticamente, asimilados por la tribu de Judá, que sobresalía entre todas. Esto no resulta sorprendente, dado que el territorio de Simeón se encontraba dentro del que fue asignado a la tribu de Judá.

Los levitas también fueron dispersados, pero de una manera muy distinta. Gracias a la fidelidad a Dios que demostraron en el episodio del becerro de oro, se les delegó la responsabilidad de servir en el tabernáculo y, más adelante, en el templo en Jerusalén. A los levitas no se les permitió heredar parte alguna del territorio, el Señor mismo fue su herencia. Ellos fueron sacerdotes santos del Señor, separados de la cultura para servir a Dios. Si bien la tribu de Leví fue dispersada como la de Simeón, los levitas contaron con el favor de Dios y desempeñaron un papel importante en la historia de Israel.

Preguntas de estudio

  1. ¿Por qué Simeón y Leví exterminaron a los de Siquem? ¿Su motivo justificó sus hechos?
  2. ¿Por qué a los levitas no se les permitió recibir tierras como heredad?
  3. ¿Por que la violencia parece un factor determinante en la caída de una tribu?
  4. ¿Por qué el final de la historia de estas dos tribus similares fue tan diferente?

Reflexión

La tribu de Leví es un maravilloso ejemplo del mensaje de Dios para su pueblo. Él quiere que sepamos que así como proveyó para los levitas, suplirá para todas las necesidades de aquellos que son de Él. Podemos hallar descanso en ese conocimiento.