Lectura bíblica: Éxodo 3:1-10

En el transcurso de la historia humana hay relativamente pocos sucesos que en verdad merecen llamarse transformadores a escala mundial. En el presente estudio y en el siguiente, leeremos acerca de dos de ellos que ocurrieron en el mismo lugar. Se trata de «Horeb, el monte de Dios», otro nombre que designa el monte Sinaí. El ángel del Señor apareció a Moisés en la zarza ardiente, y Dios llamó a Moisés por su nombre. Cuando Moisés respondió «heme aquí» y temeroso escondió su rostro mientras esperaba la respuesta de Dios, el curso de la historia de Israel, e incluso del mundo entero, cambió para siempre.

Dios ordenó a Moisés regresar a Egipto para que sacara a su pueblo de la esclavitud del faraón. El resto del capítulo 3 de Éxodo describe los esfuerzos de Moisés para eludir, como cualquier ser humano lo haría, esta abrumadora misión. Después de todo, él era un «fugitivo» de Egipto sobre el cual pesaba una sentencia de muerte. Sin embargo, en Horeb Moisés pisó tierra santa y estuvo en la presencia del Dios de Israel, quien mucho tiempo después preguntaría al profeta Jeremías: «… ¿acaso hay algo que sea difícil para mí?» (Jeremías 32:27). La respuesta, por supuesto, es no, como descubriría luego Moisés.

Preguntas de estudio

  1. Moisés estaba en el desierto, después de que se vio obligado a huir de Egipto tras su fallido intento por liberar solo a Israel. ¿Qué lección enseña Dios a Moisés en el desierto?
  2. ¿Por qué la zarza que vio Moisés ardía pero no se consumía?
  3. ¿Por qué Moisés esconde temeroso su rostro cuando Dios se presenta a él (v. 6)?
  4. ¿Qué nos enseñan los versículos 7-9 acerca del interés de Dios por las dificultades y el sufrimiento de su pueblo?
  5. ¿Por qué es fácil para nosotros identificarnos con las objeciones que presentó Moisés frente a la tarea que Dios le encomendó?

Reflexión

Alguien ha dicho que Dios nunca nos encomendará algo para lo cual no nos haya dado antes la capacidad para llevarlo a cabo. Algunas veces, como Moisés, podemos sentir que no somos aptos para la tarea. Pero si no hay nada que sea difícil para Dios, entonces, cualquier cosa que Él nos pida que hagamos podremos llevarla a cabo con su ayuda.