Lectura bíblica: Génesis 14:1-24; Números 34:10-12; Josué 12:2-3; 13:24-28

Dos de las más conocidas masas de agua en Israel son el mar Muerto y el mar de Galilea. El nombre del mar Muerto proviene de su característica más notable: el hecho de que no tiene salida y por ende no puede sustentar la vida debido a su altísima concentración de minerales. Resulta interesante que las Escrituras nunca llaman a este gran lago «el mar Muerto», sino más bien «el mar de sal», entre otros nombres. Se menciona especialmente en la batalla que libro Abram para rescatar a su sobrino Lot y recuperar los bienes de Sodoma y Gomorra. Algunas personas piensan que las ruinas de estas ciudades yacen de hecho en el fondo del mar Muerto.

En las Escrituras, el mar de Galilea se conoce como «el mar de Genesaret», por la región que rodea este hermoso lago. Se menciona unas pocas veces en la Biblia hebrea, donde sólo se cita para señalar parte de la frontera oriental de la tierra prometida. En cambio, el mar de Galilea es muy conocido por los cristianos como uno de los puntos centrales del ministerio de Jesús. Asimismo, junto con el mar Muerto, constituye el plato fuerte de toda gira por Israel.

Preguntas de estudio

  1. La victoria de Abram en la región del mar Muerto sobre una confederación de reyes encierra varias lecciones espirituales importantes. ¿Por qué Abram dio el diezmo del botín a Melquisedec?
  2. ¿Por qué cree que Abram rechazó la recompensa ofrecida por el rey de Sodoma, a la que tenía derecho, en términos humanos, por su valiente actuación?
  3. Lea Deuteronomio 29:22-25. ¿Cómo usó Moisés el ejemplo de Sodoma y Gomorra para enseñar a Israel la importancia de ser fiel al pacto de Dios con el pueblo?

Reflexión

Las aguas en la Biblia no solo sirven para señalar lugares específicos en la Tierra Santa, sino como figura de las dificultades y los desafíos que todos enfrentamos en la vida. Esperamos que la promesa siguiente de la Palabra de Dios traiga consuelo a su vida: «Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado; ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán éstas a él» (Salmo 32:6).