Lectura bíblica: Sofonías 3:1-20

Podemos regocijarnos en el hecho de que nuestro Dios es en definitiva un Dios que perdona, que restaura y que tiene reservado un futuro glorioso para su pueblo. La profecía de Sofonías termina con la promesa de que Dios nunca abandonará su heredad, el pueblo de Israel. Pero primero deben darse la purificación y el lavamiento. El pueblo de Judá no tenía liderazgo confiable en el palacio real, ni siquiera en el templo, puesto que los gobernantes de la nación, los profetas y los sacerdotes eran corruptos (con excepción del rey Josías quien instituiría muchas reformas). A los sacerdotes se les acusa de tratar con ligereza sus responsabilidades sagradas. Tal actitud descuidada de parte de los líderes civiles y religiosos de Judá no podía dejar de manifestarse como falta de fe en el pueblo. Venturosamente, el día de la infidelidad del pueblo sería temporal. Dios provocaría una transformación en la cual el malvado y el arrogante serían eliminados y se conservaría un remanente de fieles. La idea de un remanente de Israel es un tema que se repite en los libros proféticos. Después de que pasen el juicio y el sufrimiento de Israel, habrá un pueblo justo y deseoso de agradar y servir a Dios. El cumplimiento de la descripción que hace Sofonías de la restauración del futuro de Israel está a la espera en la era mesiánica, cuando el mismo Dios se haga cargo de los enemigos de Israel y ningún mal volverá a amenazar a su pueblo. Así que el mensaje de Sofonías es de un juicio venidero, tanto en el futuro cercano como en el lejano, y de la gloriosa restauración que Dios hará de su pueblo.

Preguntas de estudio

  1. De acuerdo con Sofonías 3:3, ¿en qué manera los gobernantes de Judá desagradaban a Dios?
  2. ¿Qué profetiza Sofonías 3:9 acerca de la respuesta futura de las naciones al Dios de Israel?
  3. Según el versículo 20, un elemento en la restauración de Israel será que Dios los lleve a «casa», a la tierra que Él les dio. ¿Cómo se cumple esta profecía hoy en día?

Reflexión

Sofonías 3:20 funge como otro testigo del hecho de que hoy día Dios nos da el privilegio de ser parte de la restauración y reunión de su pueblo de siempre. Me siento muy feliz de poder ofrecer a los amigos de La Fraternidad, como usted, oportunidades para participar en el cumplimiento de esta profecía de traer a casa a los remanentes de Israel por medio de nuestro programa En alas de águila. Gracias por su participación en este milagro.